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María Elena Balán/ Arca de cubania

DOS DE DICIEMBRE: REMEMBRANZA DE MI ABUELO MAMBI

DOS DE DICIEMBRE: REMEMBRANZA DE MI ABUELO MAMBI

Por María Elena Balán Saínz  

  La Plaza de la Revolución amaneció con la luminosidad de ese sol caribeño que le aporta calidez a nuestra identidad. Este dos de diciembre las emociones parecían que iban a hacer estallar los pechos de tantos cubanos que reafirmamos nuestro sentido de nacionalidad, nuestro deseo de seguir enarbolando con orgullo la bandera de la estrella solitaria, junto a Fidel y Raúl.

   La marcialidad en el desfile, la apertura con la caballería mambisa me remontó a mis años infantiles y recordé a mi abuelo paterno, Coronel de la Guerra de Independencia iniciada en 1895, quien nos contaba sobre las hazañas de las huestes redentoras en la manigua, a golpe de coraje y valentía.

   Hoy fue como si estuviera nuevamente conversando con el octogenario mambí al que tanto amé y quien, cuando era casi un adolescente salvó a su padre herido en plena carga al machete contra los españoles.

   Fue él quien con sus relatos sobre José Martí, Antonio Maceo y Máximo Gómez sembró en sus descendientes ese amor grande y sincero por la Patria. Aún están frescos en la memoria de la periodista aquellos siete de diciembre, cuando el sol comenzaba a alumbrar las mañanas y el abuelo la llevaba, junto a su hermano también pequeño, hasta la avenida del pueblo para poner flores frescas ante el busto del Titán de Bronce, como un sencillo homenaje de recordación a su gloria.

   Desde la altura de mis años infantiles imaginaba a mi abuelo mambí sobre un brioso caballo, blandiendo el machete o portando aquel revólver que como trofeo de guerra guardaba con esmero, junto a los ascensos militares firmados por Gómez y Maceo. Nunca fue a la universidad, pero tenía la sabiduría que le confirió la vida misma y los libros de historia y literatura que leía cada día con esmero. Parte de esos títulos los donó a la escuela primaria donde estudiaban sus nietos, para que los niños tuvieran acceso a esas lecturas.

   El abuelo mambí luchó también contra el régimen de Gerardo Machado y guardó prisión en La Cabaña, tras los sucesos de la Guerrita de Gibara. Pasados los años, cuando el ejército rebelde combatía por la total liberación, el abuelo los apoyó y lamentó que ya sus piernas cansadas no le sirvieran para volver al lomerío.

   En este dos de diciembre, aniversario 50 del desembarco del Granma y de la constitución de las Fuerzas Armadas Revolucionarias quien escribe estas líneas no sólo evoca a su abuelo mambí que  forjó en sus hijos y nietos los sentimientos de lealtad y amor a Cuba.

   También recuerda a aquellos otros luchadores de antes y de ahora que han sabido guiar a sus descendientes con respeto, cariño y responsabilidad y con un alto sentido de compromiso con la Revolución.

   Este día fue como si mi abuelo mambí estuviera presente en cada combatiente, en cada palabra expresada por Raúl, en el homenaje a Fidel por sus 80 años. De la continuidad de nuestras luchas, iniciadas el 10 de octubre de 1868, nadie puede dudar. La caballería mambisa, junto a los más modernos medios de combate siempre estarán listos para recibir la voz de mando, llamando a defender nuestra soberanía.

FIESTA CUBANA, LATINOAMERICANA Y MUNDIAL POR FIDEL

FIESTA CUBANA, LATINOAMERICANA Y MUNDIAL POR FIDEL

 

Por María Elena Balán Saínz  

   La capital cubana por estos días está de fiesta. Son numerosos los agasajos que, con motivo del 80 cumpleaños del Comandante en Jefe Fidel Castro, se desarrollan cada día.

  El legado de su entrañable amigo, el pintor ecuatoriano Oswaldo Guayasamín abrió el amplio programa de actividades con una exposición de 60 obras gráficas, en presencia de decenas de amigos del mandatario.

   La Casa Museo Guayasamín, en el Centro Histórico de La Habana, atesora esa muestra, en cuya apertura Saskia Guayasamín, hija del pintor y miembro de la directiva de la Fundación que lleva su nombre, destacó en presencia de su hermano Pablo la entrañable amistad que unió a su padre y al jefe de Estado cubano, ahora convaleciente de una operación quirúrgica.

   Esos cuadros fueron donados por la Fundación para enriquecer la muestra permanente que existe en la mencionada institución.

   En retribución a la amistad de tantas personas que festejan ahora su onomástico, convocadas por la Fundación Guayasamín, el Presidente cubano envió un mensaje de gratitud que fue leído en el teatro Kart Marx, durante la gala cultural de bienvenida de los artistas cubanos a los participantes en el homenaje.

  Previo a la gala, en horas de la tarde, el programa  en saludo al cumpleaños 80 de Fidel, incluyó la inauguración del Colegio San Gerónimo de La Habana en el lugar donde se fundó en 1728 la primera universidad de Cuba.

  Durante el miércoles y el jueves se desarrollará en el Palacio de las Convenciones, el coloquio Memoria y Futuro: Cuba y Fidel, con más de mil 500 personalidades, los cuales reflexionarán acerca de la trascendencia para el mundo de la Revolución cubana.Artistas, escritores, científicos, economistas, abogados, ex gobernantes, cantantes, activistas sociales y defensores de los derechos humanos de unos 80 países  participan en esa cita de pensamiento.

   De acuerdo con el programa, el jueves 29 está previsto un megaconcierto titulado Todas las voces todas, en la Tribuna Antiimperialista "José Martí", y una exposición de 100 obras originales de Guayasamín en el Museo Nacional de Bellas Artes.Guayasamín pintó cuatro retratos a Fidel, el primero de ellos al triunfo de la Revolución cubana.

   La Fundación Guayasamín es la auspiciadota de este programa, iniciado el martes en homenaje al 80 aniversario del presidente cubano, quien cumplió años el 13 de agosto pasado, pero pidió aplazar el ágape debido a problemas de salud.    

SILVIO Y SU UNICORNIO AZUL A GUITARRA LIMPIA

SILVIO Y SU UNICORNIO AZUL A GUITARRA LIMPIA

  Por María Elena Balán Saínz   

   Hay una historia que deseamos compartir con nuestros lectores en ocasión del 60 cumpleaños del cantautor cubano Silvio Rodríguez, una figura que ha trascendido fronteras y ha deleitado con su música a cuatro generaciones, al decir de los estudiosos del tema.

  El Centro Pablo de la Torriente Brau, dirigido por el escritor y cineasta Víctor Casaus, organizó en ocasión del octavo aniversario del espacio A Guitarra Limpia un homenaje a este relevante exponente de la Nueva Trova, cuyas canciones fueron interpretadas por numerosos admiradores de su obra musical.

 

  Desde la Era está pariendo un corazón, pasando por Ojalá, Mi unicornio Azul, hasta Cita con Ángeles, uno de sus más recientes éxitos, Silvio ha sido para muchos el cantante favorito, aquel que para escucharlo vale la pena trasladarnos hasta el lugar más íntimo de nuestra casa y allí, a la par que  meditamos sobre el mensaje de sus canciones, saboreamos un mojito, con su aroma de hierba buena, o un daiquiri, tal como hacía Ernest Hemingway.

   Hoy, nuestro trabajo periodístico para esta Arca de Cubana va a tratar el mito sobre uno de los personajes que el fundador de la Nueva Trova llevó al pentagrama musical.

 

  Si preguntáramos cuántas personas al escuchar la canción  Mi Unicornio Azul, han creído en la existencia de esa especie, seguramente muchos responderán afirmativamente.

  

   La poesía que emana de la composición del trovador cubano, más el atractivo fantástico del animal, nos han hecho soñar a muchos. Y es algo notorio, que a tantos años de haber surgido la invención de ese cuadrúpedo en la mente humana, junto a toda una fauna de las más inverosímiles figuras, aún quedan algunos resquicios de creencia sobre tales fantasías.

    

   Del unicornio, de su único cuerno, de las leyendas que se han tejido en torno a él trataremos hoy para que nuestros lectores conozcan su verdadera historia.

   

   Esa especie creada en la mente del hombre y que se denomina unicornio, ha sido una  figura presente en el escudo de armas de muchas naciones, tal vez por aquello de que a su cuerno se le atribuían poderes mágicos.

   

   La historia sobre este curioso animal señala que para su búsqueda se organizaban largas peregrinaciones. Se decía que habitaban en Arabia, India y Marruecos. Lo más interesante es que sólo podía acercársele quien llevara vestidos de doncella, muy perfumados.

    

  De ahí que sus cazadores, según la leyenda, se disfrazaran de una joven mujer, perfumaran su vestimenta y se acercaran a la guarida del referido animal. De esa forma, seducido por la fragancia, se dice que el unicornio recostaba su cabeza coronada por un solo cuerno  en el regazo de la presunta muchacha y se dormía.

 

  El pobre unicornio, si era  seducido y se quedaba dormido perdería su cuerno, pues solo por él se arriesgaba tanto el cazador, según  cuenta la leyenda.    Un fuerte tirón y ¡zaz!, ya el precioso talismán quedaba en manos del hombre vestido de doncella, quien le atribuía poderes mágicos.

  

   Hay relatos que dan fe de la existencia de ese animal, aunque sabemos que no fue más que parte de la imaginación humana.    Un escritor del siglo XVI señala que vio un cuerno del cuadrúpedo en la corte de Isabel de Inglaterra, cuyo valor era de 250 MIL pesos oro. En esa centuria se afirma que hubo cuatro de esos fabulosos cuernos en el castillo de Plassen, uno de ellos entregado en pago de una deuda por el monarca  Carlos V

 

  Aunque vivimos en la era de la informática, del descubrimiento del genoma humano y de otros adelantos científicos como la clonación, aún queda gente por ahí que sigue creyendo en el unicornio, tal vez por ese bello mensaje con el que soñamos a la par que escuchamos a Silvio Rodríguez.

ETERNO RECUERDO A 8 ESTUDIANTES DE MEDICINA

ETERNO RECUERDO A 8 ESTUDIANTES DE MEDICINA

Por María Elena Balán Saínz 

   La historia en Cuba no olvida que han transcurrido 135 años  desde aquel veintisiete de noviembre, cuando  ocho estudiantes de Medicina fueron llevados al paredón de fusilamiento por los gendarmes de la metrópoli española en La Habana.

   Ese hecho ha quedado en la memoria de nuestro pueblo como una de las acciones más abominables del período colonial de España en Cuba. 

   Su único pecado  era amar a la patria, tal como confesaron poco antes de ser ejecutados. Pero la sentencia de muerte estaba ya concebida, bajo el pretexto de que habían profanado la tumba del periodista español Don Gonzalo Castañón.

  Como no existía idea exacta de quienes habían estado en el cementerio, fueron apresados 45 alumnos del primer año de Medicina. Aunque la presunta falta de los jóvenes era de carácter civil, el General de División Romualdo Crespo indicó Consejo de Guerra en campaña.

   A todo ese grupo  se le sometió a un Consejo de Guerra, que no llegó a determinar ninguna sentencia de muerte.   Pero el ansia de sangre del cuerpo de voluntarios llevó a que, contra toda norma jurídica, se formara un  segundo tribunal en el que ellos eran mayoría.

  Aquel proceso amañado y fraudulento condenó a muerte a ocho estudiantes, mientras los otros debían guardar prisión. Entre los que fueron fusilados estaba Carlos Verdugo, quien el día del supuesto incidente de la tumba de Castallón, se encontraba en Matanzas. Ese es un detalle que reafirma la barbarie cometida, sólo por saciar la sed de venganza de los voluntarios.  

  A las cuatro de la tarde del veintisiete de noviembre fue ejecutada la orden de fusilamiento de los ocho jóvenes inocentes.Hoy, cuando han transcurrido 135 años de aquel asesinato, recordamos con respeto a esos mártires de la Patria.

GUANABACOA, DESANDAR SUS CALLES

GUANABACOA, DESANDAR SUS CALLES

Por María Elena Balán Saínz  

  Guanabacoa es una localidad surgida a partir de un poblado de indios que fomentó el gobernador español Gonzalo Pérez de Angulo en 1554.

   Por contar esa villa con numerosas anécdotas históricas, culturales y sociales, queremos que nuestros lectores conozcan algo sobre sus viejas calles.

  

   Una minuciosa investigación de Alberto Acosta Brito, quien escribió un libro sobre el tema, señala que en Guanabacoa primero surgió el trillo, trazado por las desnudas plantas de los aborígenes, después el sendero desbrozado a filo de espada por los conquistadores peninsulares que arribaron a la comarca, luego los caminos, y por último las angostas calles.

  

   La ubicación que tiene desde hace centurias la villa de la Asunción de Guanabacoa es irregular. Disímiles en extensión y amplitud, sus calles fueron abiertas caprichosamente por los favorecidos con parcelas de tierra, quienes levantaban sus viviendas a su antojo y conveniencia.

  

   Se sabe que esta comarca surgió sobre una aldea de indios, con una topografía abundante en elevaciones y vertientes, lo cual obligó, con el paso de los años, a la ejecución de un sistemático plan urbanístico a base de alcantarillas, puentes y nivelaciones.

  

   Con el tiempo, las autoridades españolas comenzaron a dictar decretos sobre la alineación que debían tener las viviendas y las vías de circulación. Se llegó hasta a prohibir la construcción de escalones a la entrada de las casas, para favorecer el paso por las aceras.

  

   Se sabe que la numeración de las casas y la rotulación de las calles se pusieron en vigor, de manera oficial, en 1872.

  

   Los números y los nombres eran estampados en lozas con un tamaño que los hacía visibles a larga distancia.

  

   Fue la calle Venus la primera de Guanabacoa en tener ese rótulo, en tanto los primeros 40 faroles para alumbrar esas vías de acceso fueron ubicados mucho antes, en 1866, pero el ornato público no se vio favorecido por la limpieza.

  

   Las calles seguían siendo angostas, empinadas, torcidas, polvorientas o fangosas. Por ellas transitaban a pie los pobres, mientras los ricos lo hacían en coches y volantas.

   Con los años mejoraron su aspecto con piedras, adoquines y más tarde con asfalto. Aún hoy las vemos así, y aunque muchas siguen siendo empinadas y estrechas, guardan un encanto especial, evocador de los tiempos coloniales.

  

   Para quienes no las conocen les sugerimos visitarlas, y aquellos que con regularidad las recorren, les ofrecemos estos detalles para que puedan valorarlas con más conocimiento de su historia.   

PEDRO PABLO OLIVA, POESIA PALPITANTE EN SUS PINTURAS

PEDRO PABLO OLIVA, POESIA PALPITANTE EN SUS PINTURAS

Por María Elena Balán Saínz 

  

  Con gran satisfacción recibimos en este noviembre  la buena noticia del otorgamiento del Premio Nacional de Artes Plásticas 2006 al pinareño Pedro Pablo Oliva (1949), quien nos ofrece la poesía palpitante en sus pinturas.

  De una época en que rindió reiterado homenaje a José Martí, un hombre al que intento traer a la vida cotidiana, pasó a otras temáticas, igualmente subyugantes por su lirismo, como esa que nos traslada  a los tiempos en que fuimos niños.

  La entrega ayer día 23 del merecido reconocimiento, en la capital cubana, a este artista de la plástica ocupó los principales espacios noticiosos culturales del país, donde cuenta con miles de admiradores.

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  Hombre sencillo, a pesar de su grandeza artística o tal vez por ella, pues la modestia es virtud que glorifica a muchos de los llegan a tocar las estrellas, Pedro Pablo Oliva dijo en una ocasión que prefería que lo catalogaran con un término más contemporáneo como el de cronista de una especie de prensa pictórica o noticiero plástico.

  Sus oníricas y controversiales imágenes han trascendido las fronteras de la Isla con un estilo que atrae por el encanto y la imaginería de un arte que, al decir del propio creador, pasa por el tamiz de la infancia.

   Además de sus grandes méritos como creador de la plástica, su proyección artística abarca, una importante labor pedagógica realizada con varias generaciones de artistas y de una meritoria labor social en el financiamiento de proyectos como la Casa Taller Pedro Pablo Oliva, el Premio Cubaneo y el patrocinio del Museo de Arte de Pinar del Río.

  Graduado de la Escuela Nacional de Arte de La Habana, Pedro Pablo ha expuesto con éxito en Cuba y el extranjero y sus obras se encuentran en importantes colecciones de Canadá, Francia, Italia, España, Brasil, Suiza, México, Alemania y Estados Unidos, y, desde luego, en el Museo Nacional de Bellas Artes.

?LOS RESTOS DE COLON EN LA HABANA?

?LOS RESTOS DE COLON EN LA HABANA?

  Por María Elena Balán Saínz    

 Cuando Santo Domingo fue abandonado por los españoles, ante el empuje de los franceses, se designó una comisión para trasladar los restos de Cristóbal Colón a La Habana.

  

   Hay quienes afirmaron que fue a su hermano Diego al que trajeron a Cuba y que el descubridor de América quedó donde estaba.

   

    Referencias escritas en el siglo pasado y atribuidas a Richard Lewis señalan:   Los restos de Colón yacen en la antigua Catedral de La Habana. Si existe alguna tumba que merezca ser honrada, es esta del hombre que, habiendo descubierto un mundo, sólo recibió insultos y penas como recompensa terrenal, y a cuyo honor se ha rendido escaso tributo. Los restos de Colón, después de ser removidos por tercera vez, fueron depositados finalmente en una caja de metal.

  

   Fue en 1506 que murió el Almirante Cristóbal Colón. Pocos años después de su fallecimiento, sus cenizas fueron trasladadas desde España a Santo Domingo, y alrededor de setenta y cinco años más tarde descansaron en Cuba, según recogen algunos escritos.

  

   En 1823, el Obispo de Espada escribió un acta en la sesión del Cabildo, en la cual decía que las cenizas de Colón estaban depositadas en la santa Iglesia Catedral desde 1796, aunque su traslado había ocurrido un año antes, al cederles los españoles a los franceses la ciudad de Santo Domingo.

  

   Explicaba el alto clérigo que en el mismo lado del Evangelio, en la pared que divide al presbiterio de la Capilla de Loreto, hicieron mayor el nicho para la nueva colocación de la caja de plomo, en la cual estaban las cenizas de Cristóbal Colón.

  

   El Prelado deseó colocar justamente en el mismo depósito donde descansarían los restos del insigne navegante en la Catedral habanera, una edición grande del Código de la Constitución política de la monarquía española, promulgada en Cádiz en 1812, según escribió el Obispo de Espada en un acta de la sesión del Cabildo en 1823.

  

   Destacaba el religioso que el documento sería puesto en otra caja de caoba con su exterior de plomo, la cual guardaría también la gran medalla de oro acuñada en Cádiz.

   

   Tendría, además, el busto e inscripción en el anverso del libro abierto de la Constitución y otras medallas de plata de los Reyes.

  

    Por último, la urna sería cerrada con una lápida del mejor mármol, en la que aparecería en bajo relieve el busto de Cristóbal Colón y una inscripción que decía:

MIL SIGLOS DURAD, UNIDOS EN LA URNA.   

    En escritos de la época se asegura que a la derecha del altar de la Catedral de La Habana estaba el monumento al descubridor de América, compuesto por una lápida de mármol fijada a la pared y, sobre ella, una figura en relieve, pobremente ejecutada.

  

   Hasta allí fue en 1877 Enrique Hernández Ortega, quien escribió:

  

  Me dirigí a la Catedral a rendir un homenaje piadoso ante los restos de aquel santo.   Llevado de la natural curiosidad volví la vista en derredor del local para contemplar el ornato del mismo y con desagrado observé una gran mancha de humedad en la pared que separa la capilla del Presbiterio.

  

  A vosotros dejo las deducciones que de todo esto se desprende, pero decídme: ¿será mucho suponer que aquella mancha de humedad vista por mi, fuera la tronera recién tapada por donde desaparecieron los restos de Colón encontrados por los dominicanos en 1877?

LA HABANA TUVO UN CURIOSO BALNEARIO

LA HABANA TUVO UN CURIOSO BALNEARIO

Por. María Elena Balán Saínz   

   Quien visita o vive en La Habana, la ciudad que este 16 de noviembre cumple 487 años de su fundación como Villa, no se imagina que esa amplia avenida paralela al malecón, con olor a salitre y un paisaje verde azul que se pierde allá, en el infinito, fue lugar donde se dieron cita los habaneros de mejor posición social a partir de 1854 para probar con beneplácito la frescura de un baño de mar, pero no en los arrecifes del litoral, sino en unas pocetas abiertas a golpe de pico por negros esclavos.

  

  Aquello era algo sensacional en la época y a la par que hacía las delicias de los bañistas, representaba un fuerte filón para el propietario del balneario, que cobraba veinte centavos o el doble de esa cifra si los bañistas usaban las toallas que ofrecía, junto a un calzón o batilongo, los cuales constituían los trajes de baño que estaban de moda en aquellos tiempos, cuando se trataba de enseñar lo menos posible.

  

   Desde La Punta hasta donde está hoy la estatua del Lugarteniente General Antonio Maceo, en el malecón habanero, estaban ubicadas las pocetas horadadas en los arrecifes, allá por la medianía del siglo diecinueve.

 

   Se cuenta que los propietarios de aquellos balnearios los alquilaban a empresarios explotadores, a razón de 3 500 pesos por temporada, y comprendía desde el primero de abril hasta el último día de octubre.

  

   Las pocetas abiertas en las rocas tenían, generalmente, unos doce pies cuadrados, con seis u ocho pies de profundidad, y contaban con peldaños hechos en el mismo arrecife, además de dos aberturas de un pie, por las que entraba y salía el agua y evitaba así el baño a mar abierto.

 

   De esa forma se contaba con una medida segura ante el posible acoso de los abundantes tiburones que merodeaban por las costas habaneras.  

 LOS BAÑOS DE MAR SE AMPLIARON CON NUEVOS BALNEARIOS. 

  

   Hacia 1864 surgió otro lugar de atracción para los pobladores de la capital del país: los baños en la playa de Marianao, adonde los veraneantes se trasladaban en coches tirados por caballos en un viaje que duraba dos horas.

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   Allí un catalán llamado Francisco Tuero edificó unas casetas que tenían dos taburetes de cuero, percheros y un largo ropón de percal rojo, para quienes desearan usarlo.    Las mujeres se bañaban dentro de un reservado de paredes de yagua y pencas de palma.  

  Como era un negocio jugoso, surgieron otros dueños y sociedades y en los primeros años del 1900, se crearon nuevos balnearios para la aristocracia habanera, que luego se modernizaron.

  Con el tiempo las rudimentarias casetas se transformaron en clubes exclusivos y los ropones para bañarse en pequeñas trusas.

  Las piezas para el baño siguieron evolucionando, hasta llegar al hilo dental, aunque cada quien los usa según su gusto y selección.