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María Elena Balán/ Arca de cubania

Historia

Curiosos cañones mambises

Curiosos cañones mambises

Por María Elena Balán

  Acostumbrados como estamos en la actualidad a técnicas de armamentos tan modernas y sofisticadas, resulta sumamente curioso rememorar la artillería mambisa de inicios de la guerra de independencia cubana, cuando el coraje y la inventiva suplían las desventajas materiales.

  En museos de la capital, como el de los Capitanes Generales, hay muestras de cañones de cuero y madera, muy artesanales y rústicos, pero portadores en su tiempo de una carga de pólvora y valentía capaces de causar estragos al bando enemigo.

  Las dos piezas conservadas presentan cerca de la culata un orificio o fogón para la colocación de la mecha y el encendido con el bota-fuegos. Los insurrectos usaban pólvora negra y como proyectiles objetos de hierro, plomo y piedra.

  Tras la toma de uno de estos curiosos cañones fabricados por el Ejército Libertador, las fuerzas españolas dejaron esta descripción:

  "Puerto Príncipe, diciembre primero de 1870. El pasado domingo trajo a esta ciudad la columna de Vista Hermosa un cañón de cuero cogido a los insurrectos, que tiene la figura de una raposa de papas. Por lo que parece, para hacer esos cañones se emplea un alma de madera, se cose a ella la piel de buey fresca o muy humedecida, y sobre ella se teje con la piel de vaca; luego se pone otra piel como forro exterior. La recámara es de madera guarnecida también de un tejido de cuero; se saca el alma, que debe estar hecha de varias piezas, y queda el cañón capaz de resistir cinco o seis tiros. Los cartuchos que se emplean son de caña brava o pito".

  En el libro Las armas del Ejército Mambí, su autor, Antonio Ramos Zúñiga, plantea que el 22 de diciembre de 1868 tuvieron su bautismo de fuego los cañones de cuero, como parte de la artillería insurrecta en la Guerra de Independencia.

  Fue en Camagüey donde nacieron y se estrenaron estos curiosos artefactos. La región camagüeyana, eminentemente ganadera, desarrolló una original industria bélica, si es que así puede llamársele, dedicada a la fabricación de los referidos cañones.

  Sobresalió en esas labores el armero mambí Eloy Boviliers, quien tenía un taller en la zona de Guáimaro. Se estima que tal vez uno de esos cañones fabricados por él fue el usado por Ignacio Agramonte cuando atacó a Puerto Príncipe en 1869.

 

 

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Goleta Amistad en aguas cubanas

Goleta Amistad en aguas cubanas

Por María Elena Balán Saníz

   En 1997, el cineasta Steven Spielberg recreó en uno de sus filmes la historia de una goleta que salió de La Habana en el siglo XIX, cargada de esclavos, quienes se rebelaron y tras tomar el mando del barco fueron a dar a un sitio muy cercano a las costas norteamericanas de Long Island.

   Tal suceso ocurrió en la vida real, exactamente en junio de 1839 y hace 10 años fue construida una réplica, velero oficial del estado norteamericano de Connectitut, el cual recuerda al original, todo un símbolo del movimiento abolicionista.

   Por aguas cubanas se desliza ya, primero por Matanzas y luego por La Habana, en esta última decena de marzo la goleta, bautizada con el nombre de Amistad, y lleva las emblemáticas enseñas nacionales de Cuba y Estados Unidos, porque ambas naciones tuvieron su protagonismo en la mencionada historia.

   Luego de una travesía con clima variado, desde tormentas hasta vientos alisios, y más de tres mil millas recorridas por la Ruta del Esclavo, la goleta arribó al puerto de la ciudad de Matanzas.

   Su permanencia de 10 días en la Isla recordará no solo el décimo aniversario de la construcción de esta réplica del barco, sino también la fecha en que el parlamento británico en 1807 abolió la esclavitud.

   Aquellos 49 hombres africanos que viajaban en el barco habían sido secuestrados en Sierra Leona, África, por traficantes portugueses y prefirieron desafiar cualquier peligro ante tanta ignominia.

   En 1841, tras dos años de haber zarpado de la capital cubana, su caso contó con la oportuna intervención del ex presidente estadounidense John Quincy Adams, quien  creó las condiciones políticas favorables a la libertad de los africanos.

   La Suprema Corte de los Estados Unidos en su histórica sentencia declaro: “José Cinque, la cabeza y el alma del grupo, tenía una sola meta. No era piratear ni robar sino salvarse a si mismo y a sus compañeros de una sujeción ilegitima. Nunca fueron súbditos de España. Estaban a bordo de La Amistad contra su voluntad. Solo deseaban liberarse de las cadenas para regresar a su hogar y a sus seres queridos. Al hacerlo, no cometieron ningún crimen por el cual los podríamos condenar de piratería”. 

   La réplica de la goleta que recuerda esos hechos, desde hace tres años recorre las aguas por las que navegaban los barcos esclavistas. Esto forma parte de un programa que se inscribe en el proyecto Por la Ruta del esclavo, que auspicia la UNESCO.

   En 1886, la Reina Regente María Cristina de Habsburgo firmó una Orden Real poniendo fin a los Patronatos, y terminando así la ignominiosa esclavitud en Cuba.

 

Punta Lucrecia versus Ike

Punta Lucrecia versus Ike

María Elena Balán Saínz   

   El huracán  Ike llegó a Cuba por  la provincia de  Holguín, específicamente por Punta Lucrecia. Vale recordar que su faro fue inaugurado el 10 de octubre de 1868, el mismo día en que Carlos Manuel de Céspedes dio la libertad a sus esclavos, en el ingenio La Demajagua.
   Ubicado en el municipio de Banes, el faro marca  el rumbo a las embarcaciones y su construcción fue idea del Capitán General de la Isla, José Gutiérrez de la Concha, en su primer período de gobierno, debido al naufragio del bergantín Themis, que navegaba frente a las costas de ese hermoso lugar.
   La roca utilizada en la fuerte edificación, que ha resistido el paso de los vientos y el salitre durante hace casi150 años, fue sacada de una cantera y para trasladar los enormes bloques de varias  toneladas, resultó necesario construir un rústico ferrocarril arrastrado por bueyes, cuyos carros rodaban por carriles de madera. 
   Expertos se preguntan con qué material peqaron esas piedras, ya que en todos estos años han resistido sin ser destruidas.
   La base del faro  es octagonal, la  torre tiene una altura de 121 pies y una escalera en espiral compuesta por 218 escalones.
    Los primeros torreros se sumaron a la lucha independentista de los mambises y el lugar fue eventualmente cerrado, para ser luego reabierto.
    Ahora, la furia de la naturaleza enfrentó a este huracán, llamado Ike, con el faro que cuenta con casi siglo y medio de vida, y coincide su inauguración con  el inicio de la Guerra de los Diez Años.

Che: Gestor del primer trabajo voluntario

Che: Gestor del primer trabajo voluntario

María Elena Balán S.

 

   Aquel 23 de noviembre, las labores constructivas de la Ciudad Escolar Camilo Cienfuegos, en el Caney de las Mercedes tuvieron un matiz diferente a lo cotidiano.

   El antecedente del inusual acontecimiento, hasta entonces inédito en Cuba, había sido ideado a principios de ese propio mes, el día cinco, cuando el Comandante Ernesto Che Guevara convocó a una reunión en el antiguo central Estrada Palma, hoy Bartolomé Masó, para explicar su proyecto.

   El Che se desempeñaba en esos momentos como  jefe del Departamento de Industrialización del Instituto Nacional de Reforma Agraria (INRA), y estuvo acompañado en aquel encuentro por otros dirigentes revolucionarios como Carlos Rafael Rodríguez y el Comandante Piti Fajardo, quien dirigía la construcción de la referida ciudad escolar para 20 mil niños en la oriental zona  del Caney de las Mercedes.

   Che habló de convocar a  una gran movilización,  para realizar una jornada voluntaria el día 23, y precisó que era necesario transmitir  ese mensaje a todos y lograr que no menos de tres mil personas concurrieran a esa cita productiva .

   En la nueva escuela laboraban tropas rebeldes bajo el mando de Rogelio Acevedo, pero no eran suficientes, y se decidió que la jornada se dedicaría a terminar la primera unidad del plantel.

   La movilización de aquel 23 de noviembre de 1959 logró la masividad prevista y tuvo entre sus particularidades destacadas, la presencia de muchas mujeres, sobre todo del campo, que caminaron varios kilómetros desde sus casas hasta la Ciudad Escolar para apoyar en todo lo necesario a la atención de quienes trabajaron en la construcción de la obra.

   Aquello sólo fue el comienzo, porque a partir de esa fecha, cada domingo se repetía el trabajo voluntario para que la escuela estuviera lista lo antes posible y el Che nunca faltó a pesar de sus  numerosas responsabilidades.

   El 25 de julio de 1960 quedó terminada la primera parte de la nueva escuela en el Caney de las Mercedes, lugar donde se gestó por idea del  Guerrillero Heroico el primer trabajo voluntario en Cuba, una acción generadora de conciencia que perdura hasta nuestros días.

 

PANCHITO, IMAGEN DEL HEROÍSMO JUVENIL

PANCHITO, IMAGEN DEL HEROÍSMO JUVENIL

Por María Elena Balán Saínz    

Al Capitán Panchito Gómez Toro es necesario situarlo, definitivamente, en el lugar que conquistó, más que por la dramática y simbólica coincidencia de su mortal caída, por sus servicios a la causa independentista.   Esta fue una de las razones que motivó al ya fallecido historiador de la Villa de Guanabacoa, Alberto Acosta Brito a escribir una biografía de ese mambí, que es viva imagen del heroísmo juvenil.  

 El Capitán Panchito, editado por la editorial Gente Nueva, está dedicado especialmente a las nuevas generaciones, que deben conocer más de este joven ejemplar.   En el volumen se destaca que Francisco Gómez Toro nació en el campamento La Reforma, en lo que es hoy la provincia de Sancti Spíritus el once de marzo de MIL 876.   

 Cuando tenía poco tiempo de nacido llegó a ese lugar el brigadier Antonio Maceo, quien se interesó por conocer el sexo del nuevo descendiente de Máximo Gómez y Bernarda Toro.  El Titán de Bronce mostró su regocijo al saber que era varón y cuando la madre le dijo que presentaba una pequeña imperfección en el pie derecho, el bravo mambí exclamó que  no importaba, porque el pie que necesita el guerrero para montar es el izquierdo.  

 De esa forma, el recio paladín alistaba en las históricas fuerzas mambisas, desde la propia cuna, al pequeño descendiente del Generalísimo. Tal parece que desde entonces, los destinos del veterano insurgente y Panchito quedarían enlazados para siempre. 

  Pasaron los años, y en una ocasión, cuando el campamento donde estaba Bernarda Toro fue atacado por las huestes españolas, Panchito –aun niño -, fue tomado en brazos por la morena Sixta, quien lo protegió y alimentó durante tres días con huevos crudos, encontrados ocasionalmente en la manigua.  

 UN JOVEN SERIO Y CABALLEROSO  

  Después del Pacto del Zanjón, el Generalísimo Máximo Gómez y su familia viajaron a Kingston, Jamaica, donde Panchito aprendió el inglés en el colegio Mister Lorenz, como parte de su formación educacional.   Luego pasaron a Santo Domingo y Gómez, recordando el campamento La Reforma, de Sancti Spíritus, donde nació Panchito, nombró a  la finca donde vivían de esa forma.  

 El joven y su hermano Máximo recibieron en Montecristi lecciones de renombrados educadores, como Enrique Loynaz del Castillo, luchador independentista cubano.            Cuando Panchito estaba en la finca La Reforma, ayudaba a su padre, quien decía que por su seriedad, juicio y el cariño que profesaba y recibía de los suyos, era como especie de un jefe de familia, a pesar de sus pocos años.

No fumaba, ni era aficionado al baile, aunque su atractiva figura y su caballerosidad le ganaban las simpatías femeninas.   Llegó a ser un buen nadador y un diestro jinete. Tenía a su vez, un gran dominio de la contabilidad y manejaba con facilidad los asuntos comerciales de la firma donde trabajaba.  

A Panchito le gustaba mucho la lectura y prefería los temas filosóficos, lo que demuestra su profundidad de análisis. 

AFINIDAD CON MARTI Y MACEO 

   Un hecho importante en la vida de Panchito Gómez Toro fue conocer el 11 de abril de 1892 a José Martí, en la finca La Reforma, en Santo Domingo. Las simpatías que surgieron entre nuestro Héroe Nacional y el hijo del Generalísimo se afianzarían durante el tiempo que, posteriormente, estuvieron juntos, trabajando a favor de la Guerra Necesaria.  

 Con 18 años de edad, Panchito viajó a Nueva York, junto a su padre y se quedó en esa ciudad para servirle de ayuda y compañía al Maestro, en  un peregrinar por las ciudades norteñas, transmitiendo la necesidad de organizar la lucha.   Martí reconoció los méritos del bisoño luchador, y le expresó a Gómez en una carta que era como si le hubiera devuelto al hijo que había perdido.  

Cuando el Generalísimo y el Apóstol se embarcaron para Cuba en 1895, Panchito quería acompañarlos, pero lo disuadieron de aquella idea.   Pasado un tiempo, cuando ya Martí había caído en Dos Ríos, el joven llegó a tierras pinareñas en el barco Tres Amigos, y el Lugarteniente General Antonio Maceo se asombró de que el niño que conoció en el campamento La Reforma, acabado de nacer, ya fuera un hombre de esa talla.  

Alistado en las tropas del Titán de Bronce, Panchito participó en los combates de Ceja del Negro, Manaja, Tumbas de Estorino,  Loma China, El Rubí y Bejerano, donde fue herido en un brazo.  Sumaba ya 14 acciones combativas, cuando ocurrieron los hechos de San Pedro el siete de diciembre de 1896. 

 Ese sería el lugar donde Panchito Gómez Toro daría la mayor prueba de estoicismo y valentía, al morir cuando trataba de rescatar el cadáver de Antonio Maceo, con quien pasó a la historia para siempre.   

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JOSÉ MARTÍ Y EL EQUILIBRIO DEL MUNDO

JOSÉ MARTÍ Y EL EQUILIBRIO DEL MUNDO

Ilustración pintura Esteban Machado inspirada en verso Yo soy un hombre sincero

Por María Elena Balán Saínz

 El despertar de la conciencia continental de José Martí, quien fuera un defensor de nuestra América ocurrió, según afirman algunos historiadores, durante el bienio de 1875 al 1877, durante una de sus estancias en México, país por el que sintió un entrañable cariño.

La hidalguía y el encanto de esa tierra le llegó al Héroe Nacional cubano a través de muchos amigos, que le conocieron cuando residió allí, o en su paso ya próximo a venir a la Isla a reiniciar la Guerra Necesaria en 1895.

Es muy conocida su amistad con Manuel Mercado, a quien muchos investigadores llaman el confidente de Martí. En su casa en México, contrajo matrimonio con la cubana Carmen Zayas Bazán, quien fue la madre de su único hijo Francisco José.

También sería Mercado el destinatario de la última carta que escribió el Apóstol de la independencia de Cuba, poco antes de morir en Dos Ríos, el 19 de mayo de 1895.En ese documento, que se considera como su testamento político, le confiesa al amigo la alegría de estar en el campo insurrecto porque al fin ya está  todos los días en peligro de dar su vida por su país y por su deber.

Pero sobre todo le explica la orientación antimperialista y continental de lo que consideraba la Guerra Necesaria.Su deber era “impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América”.

Se propuso frenar, con la libertad Cuba y Puerto Rico, el expansionismo norteamericano hacia América Latina, iniciado con el despojo a México de gran parte de su territorio.José Martí tenía el sueño de lograr una república que uniera su destino al de las demás naciones de nuestra América, llamadas a formar un frente común que impidiera las pretensiones imperialistas estadounidenses y sirviera de contrapeso para lograr el equilibrio del mundo.  

Un alerta a favor del equilibrio 

La idea martiana del equilibrio del mundo procede de su concepción de ese precepto como ley matriz esencial que rige tanto para la naturaleza, el espíritu, el arte, la ciencia, la economía, las relaciones sociales y la política.

Tanto en la carta inconclusa a Manuel Mercado como en el Manifiesto de Montecristi, firmado en marzo de 1895 junto al Generalísimo Máximo Gómez, se expresan ideas que destacan “la independencia de Cuba, nudo del haz de islas donde se ha de cruzar, en plazo de pocos años, el comercio de los continentes, es suceso de gran alcance humano, y servicio oportuno que el heroísmo juicioso de las Antillas presta a la firmeza y trato justo de las naciones americanas, y al equilibrio aun vacilante del mundo”.

Estudiosos de la obra martiana y de los acontecimientos contemporáneos en el orbe, como el Doctor Armando Hart estima al respecto que:“Hay quienes pueden pensar que se trata de una utopía irrealizable en nuestra época, puesto que las oligarquías norteamericanas alientan el terrorismo, especialmente el de Estado, y la guerra criminal contra los pueblos de menor capacidad defensiva, pero precisamente por eso es más necesario que nunca estudiar las sabias advertencias de nuestro Apóstol, que llevan implícito, por su realismo, un mensaje al pueblo norteamericano.

Así, refiriéndose a la contienda del pueblo cubano por su independencia señalaba que se hacía también para ´salvar el honor de la gran república del norte que en el desarrollo de su territorio –por desdicha, feudal ya, y repartido en secciones hostiles- hallará más segura grandeza que en la innoble conquista de sus vecinos menores´.

Hoy se requiere y se va logrando una nueva dimensión de la unidad latinoamericana y antimperialista que promulgó José Martí, cuyo pensamiento tiene plena vigencia.   

 

EXPEDICIONES NAVALES EN LA GUERRA DE LOS DIEZ AÑOS

EXPEDICIONES NAVALES EN LA GUERRA DE LOS DIEZ AÑOS

Por María Elena Balán Saínz   

Una minuciosa investigación demostró que durante la Guerra de los Diez Años se organizaron aproximadamente  58 expediciones navales, de las cuales arribaron a Cuba el 69 por ciento, de ahí que el apoyo por mar  no fue una de las causas del fracaso, como se planteaba.   

A esa conclusión llegó Milagros Gálvez Aguilera, Historiadora de la Marina de Guerra Revolucionaria, quien consultó numerosos documentos inéditos que confirman esos datos y señalan que la mayoría de los desembarcos de los expedicionarios ocurrieron entre mayo y octubre.   

De las cerca de 40 expediciones que tocaron tierra, ocho fracasaron después de efectuado el alijo, por lo que solamente llegaron al Ejército Libertador los cargamentos traídos en 32 de esas embarcaciones.    

En la investigación realizada por Gálvez, publicada bajo el título de Las Expediciones Navales en la Guerra de los Diez Años, presentado en La Feria del Libro en La Habana, se plantea que no puede considerarse insignificante el apoyo por mar.   

 La historiadora de la Marina de Guerra Revolucionaria cita las palabras de Francisco Javier Cisneros, uno de los jefes que mayor cantidad de expediciones condujo a las costas a Cuba en ese conflicto bélico, quien destaca que la emigración cubana en el exterior dio un valioso apoyo en ese sentido.   

En los alijos destinados al Ejército Libertador venían armas de fuego, abundantes pertrechos, armas blancas y otros artículos útiles. Entre las goletas que más viajes dieron a Cuba figuran la Enterpe, Velocity y Guanahaní.   

Los jefes de esas expediciones sabían aprovechar los conocimientos hidrográficos más avanzados de la época, pero tenían en su contra algunos aspectos.    Por ejemplo, los 12 faros existentes en Cuba  resultaban una ayuda valiosa para los revolucionarios que venían con sus cargamentos de armas, pero como los peninsulares conocían de esa utilidad, ante la posible presencia de un buque mambí los apagaban.   

 El estudio realizado aporta que en la Guerra del 68 los expedicionarios contaron con 12 buques de vapor y tres armados, un torpedo, ocho goletas, un balandro y una lancha.    También utilizaron un buque torpedo, un pailebot y un yacht de vapor y otros que fletaron o que hacían su travesía por estas costas.    

Esa investigación despeja sin dudas, las interrogantes de muchos historiadores acerca del apoyo por mar que recibieron los mambises en la Guerra de los Diez Años.   

 

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DOS DE DICIEMBRE: REMEMBRANZA DE MI ABUELO MAMBI

DOS DE DICIEMBRE: REMEMBRANZA DE MI ABUELO MAMBI

Por María Elena Balán Saínz  

  La Plaza de la Revolución amaneció con la luminosidad de ese sol caribeño que le aporta calidez a nuestra identidad. Este dos de diciembre las emociones parecían que iban a hacer estallar los pechos de tantos cubanos que reafirmamos nuestro sentido de nacionalidad, nuestro deseo de seguir enarbolando con orgullo la bandera de la estrella solitaria, junto a Fidel y Raúl.

   La marcialidad en el desfile, la apertura con la caballería mambisa me remontó a mis años infantiles y recordé a mi abuelo paterno, Coronel de la Guerra de Independencia iniciada en 1895, quien nos contaba sobre las hazañas de las huestes redentoras en la manigua, a golpe de coraje y valentía.

   Hoy fue como si estuviera nuevamente conversando con el octogenario mambí al que tanto amé y quien, cuando era casi un adolescente salvó a su padre herido en plena carga al machete contra los españoles.

   Fue él quien con sus relatos sobre José Martí, Antonio Maceo y Máximo Gómez sembró en sus descendientes ese amor grande y sincero por la Patria. Aún están frescos en la memoria de la periodista aquellos siete de diciembre, cuando el sol comenzaba a alumbrar las mañanas y el abuelo la llevaba, junto a su hermano también pequeño, hasta la avenida del pueblo para poner flores frescas ante el busto del Titán de Bronce, como un sencillo homenaje de recordación a su gloria.

   Desde la altura de mis años infantiles imaginaba a mi abuelo mambí sobre un brioso caballo, blandiendo el machete o portando aquel revólver que como trofeo de guerra guardaba con esmero, junto a los ascensos militares firmados por Gómez y Maceo. Nunca fue a la universidad, pero tenía la sabiduría que le confirió la vida misma y los libros de historia y literatura que leía cada día con esmero. Parte de esos títulos los donó a la escuela primaria donde estudiaban sus nietos, para que los niños tuvieran acceso a esas lecturas.

   El abuelo mambí luchó también contra el régimen de Gerardo Machado y guardó prisión en La Cabaña, tras los sucesos de la Guerrita de Gibara. Pasados los años, cuando el ejército rebelde combatía por la total liberación, el abuelo los apoyó y lamentó que ya sus piernas cansadas no le sirvieran para volver al lomerío.

   En este dos de diciembre, aniversario 50 del desembarco del Granma y de la constitución de las Fuerzas Armadas Revolucionarias quien escribe estas líneas no sólo evoca a su abuelo mambí que  forjó en sus hijos y nietos los sentimientos de lealtad y amor a Cuba.

   También recuerda a aquellos otros luchadores de antes y de ahora que han sabido guiar a sus descendientes con respeto, cariño y responsabilidad y con un alto sentido de compromiso con la Revolución.

   Este día fue como si mi abuelo mambí estuviera presente en cada combatiente, en cada palabra expresada por Raúl, en el homenaje a Fidel por sus 80 años. De la continuidad de nuestras luchas, iniciadas el 10 de octubre de 1868, nadie puede dudar. La caballería mambisa, junto a los más modernos medios de combate siempre estarán listos para recibir la voz de mando, llamando a defender nuestra soberanía.
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