Blogia

María Elena Balán/ Arca de cubania

VOCABLOS EXTRANJEROS POPULARES EN CUBA

VOCABLOS EXTRANJEROS POPULARES EN CUBA

Por María Elena Balán Saínz 

  

   El cubano se caracteriza por ser bromista e ingenioso hasta en los momentos más difíciles, cuando para bajar tensiones recurre a algún chiste o una frase que pone una chispa de humor en el ambiente.  

En cuanto a relacionar palabras con hechos cotidianos no hay quien lo supere, porque tiene gran habilidad para estar a la caza del vocablo oportuno y aplicarlo en la primera ocasión que le resulte propicia.

   

  Entre las fuentes de que se sirve han estado las telenovelas extranjeras  transmitidas por los canales de la televisión cubana, de las cuales escogimos tres vocablos para comentarlos con nuestros lectores.

 

  No hay quien dude en Cuba de la perdurabilidad de la palabra merolico, muy recurrente en la telenovela mexicana Gotica de Gente, que conllevó a que a los llamados tradicionalmente vendedores ambulantes, comenzara a denominárseles con ese nombre.

 

  A partir de la puesta en pantalla de esa tele-producción traída desde México, en la cual un hombre humilde se ganaba la vida vendiendo baratijas bajo el calificativo de merolico, ese vocablo se convirtió en algo familiar en esta isla caribeña.

 

  Desde entonces, el lenguaje popular lo incorporó a su listado para llamar con ese apelativo a quienes ofertan en plazas y ferias desde un par de zapatos artesanales, una prenda de vestir o un pan con lechón, criollísima expresión de los gustos culinarios del cubano.

   De merolico se ha derivado una familia de palabras como meroliquear, meroliqueando o meroloquito, aplicadas con profusión por muchos. 

PALADAR Y GOURMET: TAMBIEN MUY POPULARES  

  En Cuba fue muy popular la telenovela Vale Todo, llegada desde Brasil en la década de los años 90 de la pasada centuria, en la cual Regina Duarte en el protagónico de Raquel se convirtió de vendedora de meriendas en la playa en toda una empresaria.

 

  Aunque muchos dudamos de su pronta prosperidad, presentada como resultado del modelo neoliberal vigente entonces en el llamado gigante sudamericano, no dejamos de asumir como muy oportuno el nombre de Paladar, que puso a cada restaurante de su cadena gastronómica.

 

  Fue así que cuando en la mayor de las Antillas se ampliaron las posibilidades para ejercer el trabajo por cuenta propia, incluida la venta de productos alimenticios, los locales acondicionados para ese fin fueron bautizados por el pueblo con el nombre de Paladar.

  

  Y de esa forma continúan llamándoles, no importa que el propietario les haya puesto un nombre sugerente para atraer a los clientes. A la hora de alguien ir a esos lugares,  siempre dice: “Voy a comer a un Paladar”.

 

  Como estamos en el tema de la degustación, les comentaremos acerca de otra palabra que llegó con la telenovela colombiana Café con aroma de mujer, transmitida hace unos pocos años en Cuba.

 

  Se trata de gourmet, constantemente mencionada en esa tele-serie para referirse a las propiedades del grano, lo que se traduce en excelencia, en algo óptimo.

 

  Pues bien, los cubanos, muy aficionados a ver esas novelas, comenzamos a escuchar a los vendedores en los mercados agropecuarios ofreciendo  sus mangos, ajíes, frijoles  y otras viandas como los mejores de todos, porque tenían ese sello de calidad que es el gourmet.

  

  En fin, que en esta nación caribeña, donde hay mezcla de razas, tradiciones y folklore, se asimilan con gusto esos vocablos foráneos que aportan un toque especial a la hora de querer aludir a algo que puede resultarnos jocoso o también reflexivo.  

?AEROLITO O TOBA VOLCANICA?

?AEROLITO O TOBA VOLCANICA?

  Por María Elena Balán Saínz      Hubo quienes afirmaron que era un aerolito caído del cielo, mientras otros se encaminaron por una explicación geológica del asunto. Ante lo que se reconoce como la tercera piedra más grande del mundo, es lógico que surgieran varias hipótesis de su origen.

   

  La Gran Piedra, un mirador natural con un hotel en la ladera de la montaña sobre la que se asienta, es un sitio maravilloso a sólo 25 kilómetros de la ciudad de Santiago de Cuba, y constituye un destino turístico muy solicitado por quienes visitan la parte oriental de la Mayor de las Antillas.

   

  Aunque existió la idea de que pudo ser un aerolito que cayó hace millones de años, los argumentos de geólogos estudiosos del tema nos conducen a creer que es una toba soldada, producto sólido de la explosión de un volcán submarino.

   

  Es, a criterio de los especialistas. el resultado del último episodio volcánico en Cuba, hace unos 50 millones de años, que lanzó fragmentos de tobas en estado semifundido, dando lugar a la enorme roca.

  

  Ubicada a 1225 metros sobre el nivel del mar, quienes acuden con frecuencia al lugar, afirman que desde lo alto del mirador se divisa, en noches despejadas, el resplandor de las luces de Haití.

  

  Ese lugar tiene una belleza natural singular, donde los contrastes entre el azul del mar del litoral costero y el verdor de la vegetación se conjugan en un todo acogedor y atrayente.

  

   Las ruinas pétreas de las mansiones señoriales y los secaderos de café hablan de la presencia de los franceses que se asentaron en ese apartado paraje de la geografía cubana, huyendo de la guerra desatada en Haití.

  

   Esos europeos y la dotación de más de 600 esclavos haitianos de su propiedad,  trajeron además de sus habilidades para la cosecha  del café, su tesoro cultural, que influyó sin dudas, en las manifestaciones artísticas, en las tradiciones culinarias y en la religión de esa zona santiaguera.

  

   En La Gran Piedra sobreviven todavía las leyendas de esa época, que hablan de amores entre uno de los ricos colonos y una esclava llamada Isabélica, con la cual luego de muchos infortunios y obstáculos llegó a contraer matrimonio.

  

   Parte del legado de los franceses se preserva en el Museo Cafetal La Isabélica, en La Gran Piedra, ubicado en una casona de madera, reconstruida sobre las ruinas, cuya arquitectura se considera de avanzada, a pesar de corresponder a finales del siglo dieciocho y principios del diecinueve, con elementos no comunes en construcciones coloniales. 

UNA EMOCIONANTE AVENTURA   

 Quien desee conocer La Gran Piedra tendrá la opción de llegar hasta la base de la enorme mole en automóvil por una carretera abierta en la montaña, o si lo prefiere, podrá vivir la aventura de escalar los 452 escalones fabricados entre una tupida vegetación, donde sobresalen  222 variedades de helechos, 352 de orquídeas, pinos, cipreses, frutas  y otras flores perfumadas.

  

  Podrá disfrutar en su ascenso de una fauna endémica en Cuba, formada por pájaros carpinteros, gavilanes, torcazas y tocororos, el ave nacional de la Isla.

  

  El microclima que se respira en esa zona oriental, hará más fresco el recorrido, matizado por  una densa niebla, como si las nubes acompañaran al visitante en su ascenso hacia la enorme piedra a través de senderos tapizados por musgos siempre húmedos..

  

  Hay un halo de misterio en el encuentro con la enorme roca, que sobrecoge con sus 6 000 toneladas de peso, expulsadas por un volcán submarino. Su resistencia al viento, la lluvia y otros fenómenos climatológicos le confieren ese título de gran dama que se enseñorea en la montaña.  

CUATRO CONTINENTES PRESENTES EN LAM

CUATRO CONTINENTES PRESENTES EN LAM

Por María Elena Balán Saínz 

  Cuentan que cuando  Wifredo Lam tuvo que salir de España, por la persecución que sufrió al combatir al lado de los republicanos en la Guerra Civil Española, llevaba en el bolsillo de su chaqueta una carta para Pablo Picasso.

 

  En París fue el encuentro entre el español y el cubano en el año 1938. Entre los dos surgió una simpatía y una admiración mutuas. Cuál no sería la satisfacción de Lam cuando el consagrado artista, tras apreciar algunos cuadros exclamó: Eres un pintor, un verdadero pintor.

  

  A partir de entonces surgió una gran amistad entre los dos y la obra de Wifredo Lam se permeó de la influencia renovadora de Picasso. Fue él quien lo puso en contacto con el mundo artístico parisino, donde se afilió al grupo de los pintores surrealistas, junto al poeta francés Ander Breton y al artista alemán Max Ernst.

  

 Con ellos participó en actividades como las del Tarot de Marsella, realizó exposiciones colectivas e ilustró  el libro Fata Morgana de Breton.

 

En 1939 expuso junto a Pablo Picasso en la ciudad de Nueva York. El peligro de la  cercanía de las tropas hitlerianas, que avanzaban por Francia, obligaron  en 1941 a Lam y a un grupo de 300 artistas a  salir del país en un barco.   

EL REENCUENTRO CON CUBA

    En el poblado de Sagua la Grande, en la región central de Cuba, nació el 8 de diciembre de 1902, Wifredo de la Concepción Lam y Castilla, un niño mestizo, mezcla de padre chino y madre mulata, quien era a su vez hija de negra y español.

  

  De ahí que a Lam se le considere como expresión de tres continentes, a lo cual se suma que triunfó en otro, Europa, donde alcanzó la universalidad.

  Comenzó sus estudios de arte en la prestigiosa Academia de Bellas Artes San Alejandro, en La Habana, y en 1924 viajó a España para estudiar en la Academia de San Fernando de Madrid,  Cuatro años después realizó su primera exposición personal en la madrileña Galería Vilches.

  

  Vivió en España y en Francia, desde donde partió por el avance de las hordas fascistas y en 1941 se reencuentra con su patria, en la cual comenzó a desarrollar un estilo pictórico, que conjugaba elementos del surrealismo con símbolos de la cultura afrocubana, que dan vida a oníricas figuras, algunas biomórficas, bajo el influjo de una imaginación muy creativa.

 

  Lam se sintió maravillado por la intensidad de la luz tropical, por la exuberante naturaleza y por el aporte de los cultos sincréticos en la isla caribeña, de la que había estado ausente durante 18 años..

  

  Se dice que para dar ese vuelco a su obra, se nutrió de elementos concretos y cotidianos de nuestra realidad, dentro de una atmósfera fantástica y subjetiva, para crear nuevos símbolos, extraídos de las raíces de sus ancestros.

  

  En sus obras está presente la vegetación tropical, con su máxima expresión artística en el cuadro titulado La Jungla, pintado por él en 1943. y que se exhibe en el Museo de Arte Moderno de Nueva York.

  

  Algo similar se aprecia en La Silla, otra de sus obras que han trascendido, por su calidad, belleza y mensaje artístico.   Es con esa pieza, precisamente, que se considera que dio un paso decisivo hacia la pintura definitoria de su personalidad plástica.  En ella se recrean dos géneros tradicionales de la pintura, la naturaleza muerta y el paisaje y los vincula a una dimensión donde coexisten lo cotidiano y lo trascendente.

   La  Silla, según algunos críticos está pensada como si fuera un retrato, aunque construido con elementos del paisaje. Hay quienes consideran que es un pretexto de Lam para desarrollar su poético mundo personal.

  

  Al seguir el orden cronológico de la creación de Wifredo Lam podemos decir que de 1941 a 1943 inició una labor de adaptación del cubismo y el surrealismo al mundo mágico virgen que había descubierto en su patria, y  nutrió de nuevos significados temas clásicos de la pintura occidental.

  

  A partir de 1950, Wifredo Lam realizó numerosos viajes a Italia, Nueva York y París, donde fue alternando su estancia y alcanzando una mayor madurez en su pintura, con tonos casi monocromos, en constante búsqueda de un lenguaje propio de su lejana tierra, Cuba.

  

  Fue precisamente en esa década cuando se estableció de manera definitiva en París, aunque siempre mantuvo el contacto con su país de origen, en el que hizo exposiciones y colaboró con la Revista de la Universidad Central de Las Villas.

 

  A finales de 1955  parte de su obra se centró en  la cerámica, el dibujo y el grabado matizados por un mensaje sensual, iconográfico, con una gran influencia de los cultos sincréticos, con las variaciones estilísticas de su fecundo quehacer artístico.    Wifredo Lam ilustró en 1976 un libro del Premio Nobel de Literatura Gabriel García Márquez, titulado El último viaje del buque fantasma.   En 1982 murió en París, y legó a la posteridad numerosas obras que se exhiben en museos y colecciones privadas en todo el mundo.

  

  Cuba, su tierra natal, lo honra con un Centro de Arte Contemporáneo que lleva su nombre en una amplia casona en el Centro Histórico de la Ciudad de La Habana. Allí se exhiben muchas de sus obras y se prepara cada dos años la Bienal Internacional de las Artes Plásticas.   

CASONA DEL SIGLO XVIII, LA MAS VIEJA DE HOLGUIN

CASONA DEL SIGLO XVIII, LA MAS VIEJA DE HOLGUIN

 

Por María Elena Balán Saínz 

Para algunos puede parecer una mansión sombría, de esas que guardan en el interior de sus añejados muros historias de misterios y fantasmas, pero para quienes saben apreciar los valores arquitectónicos y patrimoniales, la antigua casona del siglo XVIII conservada en la nororiental ciudad cubana de Holguín, a 743 kilómetros de La Habana, constituye una reliquia.                                                                                      

  Se ha podido comprobar que perteneció al Teniente Gobernador y Capitán a Guerra don José Antonio de Silva y Ramírez de Arellano, el primero que tuvo la ciudad, al declararse como tal el 18 de enero de 1752.                                                                                                          

El valioso inmueble, que testimonia la evolución de la arquitectura, al ser una de las 11 edificaciones de la villa existentes en el siglo XVIII y única conservada hasta el presente, es de estilo mudéjar                                             

 Tiene un aspecto muy típico de la época en que se construyó, ya que cuenta con techo de tejas criollas, paredes de cujes y embarrados, arcos divisorios, balaustradas de madera torneada y pisos de ladrillos.                                   

 Esa fue la primera casa de Gobierno de Holguín y en ella funcionaba el Cabildo, según han podido confirmar los investigadores.                                

Tantos son sus valores que fue proclamada Monumento Nacional, en ocasión de los festejos por el aniversario 460 de la fundación del Hato de Holguín, el 4 de abril de este año 2005 durante un solemne acto.                                          

 El suceso se conmemora en esa fecha porque en 1545 un capitán español (García Holguín) se estableció en esa zona, donde en 1720 se creó el pueblo de San Isidoro de Holguín, en honor a su fundador y su santo patrono.           

De aquella época data la antigua casona colonial, ubicada en la calle Morales Lemus, con el número 255. Posee una sola planta, rectangular, de 18 metros de largo por nueve de ancho, formada por dos crujías (espacio entre dos muros de carga).

Quienes como esta periodista hemos visitado el interior de la casona hemos podido apreciar que en su estructura hay horcones gruesos y rústicos localizados en distintos puntos de la planta, fundamentalmente en las esquinas, al centro de las habitaciones y a los lados de los vanos que sostienen los techos de alfarjes.                                                                                                   

 Los estudiosos del tema han determinado que la distribución de esta residencia responde a las necesidades de la época, con una sala, un dormitorio principal, un zaguán y otro salón para comer o dormir.                                                      

Las búsquedas arqueológicas no han encontrado sin embargo, el sitio exacto donde estaba la cocina, de ahí que se suponga que ocupaba un inmueble independiente.                                                                                                     

En el patio de la vivienda se localizó un pozo y el servicio sanitario, y más al fondo las caballerizas y algún local para guardar el carruaje, instrumentos de trabajo y corrales para la crianza de animales domésticos.

Quienes recorren ahora las áreas piensan cómo sería la vida que llevaba la  familia del Teniente Gobernador en el siglo XVIII y los coches en los cuales seguramente se trasladaban cuando acudían a las citas sociales de la época. En estos tiempos modernos se reúnen cada año en ese amplio patio, en torno a un arbusto de limón, hijos de la ciudad que ahora residen en otros sitios, y acuden cada mes de enero a la semana de la cultura holguinera.

Allí, luego de regar la planta y pensar en los deseos más íntimos de fraternidad y unión entre todos los nacidos en esa tierra, se rememoran hechos históricos, personajes pintorescos que habitaron la localidad y también se habla de proyectos y sueños, como el rescate total del inmueble, que ahora se somete a una reparación capital, para convertirlo en museo.                                                                                        HOLGUIN PRESERVA SUS TRADICIONES Y PATRIMONIO La ciudad de Holguín presenta diversos elementos de los diseños urbanos y estilos arquitectónicos procedentes del sur de España, que fueron trasladados a Cuba durante el período de la colonización

Los proyectos urbanísticos de conservación incluyen los parques y plazas ubicados en el centro histórico de Holguín, característica que le conceden el apelativo de Ciudad de los Parques.
 

Entre las acciones en marcha se acomete la primera estación del país para el transporte en coches tirados por caballos.
Se ideó también un gigantesco mural artístico al aire libre que refleja la historia de este asentamiento desde sus orígenes. Se dice que podría ser el mayor de Cuba, con 15 metros de largo por cinco de ancho, donde 14 escultores han dado vida a sus ideas artísticas.
 

Desde hace unos años se trabaja también en el rescate de la llamada Plaza de la  Marqueta, donde estuvo el primer mercado de Holguín.

Allí estarán representadas de una manera u otra 42 instituciones culturales, de las cuales ya están la tienda Mona Lisa, la Galería Estampa. un taller de  grabado, la imprenta Lujones, la editorial Holguín y la Asociación de Artesanos y Artistas.En ese entorno hay situadas diferentes esculturas, que rememoran a personajes curiosos que tuvo la localidad y que están allí para que la memoria histórica se mantenga siempre viva. 

A unos cuantos metros de la Plaza de la Marqueta se levanta majestuosa la catedral de San Isidoro, la iglesia más antigua de Holguín, de grandes valores arquitectónicos.También frente al parque Calixto García, que rinde homenaje al prócer independentista de igual nombre, se conserva el edificio conocido como La Periquera, que acoge ahora un importante museo, y que en tiempos coloniales fue escenario de una importante batalla entre los conquistadores españoles y los luchadores por la libertad de Cuba.

Visitar la bella ciudad de Holguín es una propuesta sumamente atractiva, ya que constituye un encuentro con las raíces históricas que dieron vida a esa localidad, la cual cuenta a su vez con un reconocido desarrollo económico y social.                                                                                             

 

LA MUJER EN LA VIDA DEL PADRE DE LA PATRIA

LA MUJER EN LA VIDA DEL PADRE DE LA PATRIA

Por María Elena Balán Saínz    

 De Carlos Manuel de Céspedes, el Padre de la Patria, se conocen sus hazañaspletoricas de coraje y valentía, pero poco se ha divulgado sobre su vida amorosa, que abarca dos matrimonios y dos relaciones sin oficializar, con mujeres capaces de inspirar un tierno amor dadas sus condiciones de integridad, honradez y bondad.  

 Cuando Céspedes concluyó sus estudios de Bachiller en Leyes en la Universidad de La Habana se casó con sus dos veces prima hermana María del Carmen Céspedes y Loynaz del Castillo, considerada como una de las bayamesas más bellas de su época.   De ella se sabe que fue una mujer dulce, hogareña y cariñosa, que llevó la calma al espíritu inquieto de su esposo y le permitió disfrutar de la vida plácida de la villa de Bayamo, trabajando en proyectos desde su bufete de abogado. 

El matrimonio con Carmela, como solían llamar a María del Carmen, duró 28 años y de él quedaron tres hijos, Carlos Manuel, Oscar y Carmen.   A principios de 1868 murió la primera esposa del Padre de la Patria, quien se trasladó después de aquel hecho a su ingenio La Demajagua.   Allí era mayoral Juan Acosta, el cual tenía una hija llamada Candelaria, a la que decían cariñosamente Cambula.

Fue ella quien tuvo la gloria de coser la bandera que Céspedes alzó el 10 de octubre de 1868 al llamar a la insurrección.   Con Cambula tuvo una niñita a la que Carlos Manuel puso Carmen y la reconoció con su apellido. La joven Candelaria lo acompañó en el duro batallar por la independencia hasta que, ante los peligros que cada día vivían, decidió embarcar a la muchacha, que estaba  nuevamente embarazada, y a su pequeña hija hacia Jamaica.  

 En ese país nació el otro hijo varón de Céspedes, el que se nombró Carlos Manuel.    Mientras vivió sostuvo correspondencia con Cambula y atendió económicamente sus necesidades. Al concluir la guerra de los Diez Años ella volvió a Cuba.  

 ANA DE QUESADA, PATRIOTA CAMAGÜEYANA  

Después de la Asamblea de Guáimaro, el General Manuel de Quesada invitó a Carlos Manuel de Céspedes a una comida en su casa y allí se enamoró de Ana de Quesada y Loynaz  la cual tenía 26 años, mientras quien fue electo como Presidente de la República en Armas ya contaba 50.   Él ejerció sobre ella ese influjo personal que lo caracterizó y a los pocos meses,  se casaron en San Diego del Chorrillo, Najasa, en los campos de Cuba Libre.  

 De su matrimonio con aquella mujer de fuerte carácter, amante de la libertad de Cuba, tuvo Céspedes un hijo al que puso Oscar, en recuerdo de aquel que había sido ultimado por los españoles.   Ana vivía con su niño, su madre, sus hermanas y otras familias cubanas en un caserío en una zona intrincada, hasta que llegó al lugar una escuadra enemiga que los sacó y quemó las viviendas.     

  Ella logró que la dejaran con su pequeño hijo, al parecer porque los españoles pensaron que podrían apresar al Presidente cuando viniera a buscar a su esposa, pero la aguerrida joven logró internarse en la manigua y poco después se reunió con el jefe insurrecto.  El pequeño Oscar no resistió los rigores de la manigua y murió.

Céspedes decidió mandar a su mujer al exilio, y tras partir a coger una embarcación acompañada de Juan Clemente Zenea fueron hechos prisioneros. Poco después ella pudo marchar a Estados Unidos. 

LA ULTIMA MUJER EN LA VIDA DE CÉSPEDES   

 A pocos metros de la modesta casa de Carlos Manuel de Céspedes en la campestre zona de San Lorenzo, vivía Francisca Rodríguez, viuda, la cual tenía una hija jovencita que llamaban Panchita.  El patriota encontró consuelo a su soledad en la ternura de aquella muchacha, de quien se enamoró y tuvo relaciones íntimas.  

 Después que los españoles atacaron San Lorenzo de forma sorpresiva y murió el Padre de la Patria el 27 de febrero de 1874, los habitantes del lugar fueron llevados a Santiago de Cuba.  Panchita partió con su madre hasta aquella ciudad oriental, donde vio nacer al hijo de sus amores con Céspedes, al cual nombró Manuel Francisco Rodríguez, pues su progenitor no estaba vivo para haberle puesto su apellido. 

 Esos fueron los grandes amores de un hombre honesto, sencillo, caballeroso, que quiso por encima de todas las cosas la libertad de Cuba.      

LA HISTORIA DE UN CUBANO Y LA MONA LISA

LA HISTORIA DE UN CUBANO Y LA MONA LISA

Por María Elena Balán Saínz 

Mientras en estos días se especula si la Mona Lisa estaba embarazada cuando Leonardo Da Vince la pintó en un lienzo que permanece en el Museo del Louvre, en Cuba se recuerda a Mérido Gutiérrez, un músico, devenido periodista, fallecido el cinco de mayo de 1992, quien afirmaba haber sido el compositor de la emblemática canción que inmortalizó en el pentagrama a La Gioconda.

La enigmática sonrisa de esa mujer nacida en el 1479, hija de un fabricante de lanas de Florencia, Italia, fue atrapada magistralmente por el pincel de Leonardo Da Vinci, y pasados 527 años de su natalicio sigue siendo noticia, no solo por el deterioro detenido a tiempo por los expertos en el delgado panel de álamo en el cual el ilustre artista pintó la imagen, sino también por todas las conjeturas tejidas en  cuanto a su verdadera identidad y a un presunto embarazo que se le atribuye ahora.

 Lo cierto es que esta mujer ha inspirado a escritores y músicos. De la historia que relaciona a un cubano con quien fuera esposa de Giulanio, hijo menor del famoso Lorenzo de Médicis, llamado también El Magnífico, puede decirse que surgió en los años de la década de 1940, en la ciudad de Nueva York.

El entonces joven Mérido Gutiérrez, después de iniciar una carrera musical en Holguín y otras ciudades del interior de Cuba, viajó a La Habana,  donde se presentó en el concurso de la Corte Suprema del Arte, un programa de la emisora CMQ para los aficionados. Allí salió triunfador junto a  la mezzosoprano Alba Marina, con quien tuvo que compartir los 50 pesos entregados como premio.

 A partir de ahí se presentó en los hoteles Sevilla y  Nacional, sitios que se mantienen en perfecto estado de conservación y constituyen destinos turísticos muy solicitados. También trabajó junto a Rita Montaner en el restaurante El Chico, adonde concurrían músicos muy reconocidos como el mexicano Pedro Vargas y los cubanos Sindo Garay y Ernesto Lecuona. 

Después de alcanzar éxito con el trío Los Criollitos, Mérido Gutiérrez, como otros muchos cantautores se vieron afectados por la llegada a la Isla de los novedosos traganíqueles, que fueron desplazando a quienes ofrecían su música en los restaurantes habaneros. A esto se sumaba la disminución de la llegada de turistas, debido al comienzo de la Segunda Guerra Mundial.

 Con tal situación financiera, Mérido Gutiérrez emigró hacía la ciudad norteamericana de Nueva York, con su título de  técnico de laboratorio clínico y sus ansias de continuar siendo artista.
En Nueva York escribió la canción

La gran urbe no llenó sus expectativas y sus sueños fueron a parar a un empleo de lavaplatos, logrado tras abonar 10 dólares, en el Hotel Empire. Allí recibía cada semana 25 dólares por sus servicios.

En esa rutina vivió durante dos años, alquilado en un apartamento que le quedaba a unas pocas cuadras del lugar donde laboraba. Como estaba cerca, hacía el recorrido caminando y durante uno de esos días en que iba a cumplir de forma rutinaria su quehacer,  una molesta nevada le hizo detener el paso y entrar en una galería para esperar que mejorara el clima.

Allí se exhibía la famosa pintura realizada en 1503 por Leonardo Da Vinci, que había sido traída desde Francia para ser mostrada en la populosa ciudad neoyorquina. 

 Como a toda persona amante del arte y la cultura, aquella imagen impactó grandemente al músico holguinero, quien mirando a La Gioconda comenzó a tararear lo que luego llevó al pentagrama.

Pasados los años, contaba Mérido Gutiérrez que de regreso al apartamento donde residía, comenzó a escribir estrofa por estrofa la canción que más tarde se haría famosa en la voz de Nat King Cole. Pero tanta notoriedad no llegaría al compositor holguinero, porque circunstancias económicas lo condujeron a quedar en el anonimato de la autoría.

Despedido de su empleo del Hotel Empire, el inmigrante cubano  trabajó en el hotel Waldorf-Astoria y en otros tantos lugares.

  

 Pasado un tiempo de aquel día en que dio vida a la Mona Lisa en el pentagrama musical, y apremiado por la necesidad de mantenerse él y también a su familia, que ya era más numerosa desde la llegada de las gemelas Madelin y Carolina, después del nacimiento de su hijo Franklin, el compositor holguinero  agrupó varias de sus composiciones y fue a venderlas a una firma discográfica.

 No pensó entonces en que su Mona Lisa obtendría Disco de Oro en la voz de Nat King Cole, al lograr un millón de copias vendidas en 1949.La bella melodía había sido grabada por el sello discográfico Capitol, de Estados Unidos, con el  acompañamiento musical de la orquesta de Nelson Ridle,  antiguo miembro de la famosa orquesta de Glen Miller.

Pero la firma autoral no reconocería al cubano Mérido Gutiérrez, quien apremiado por problemas económicos había vendido junto a la pieza, todos los derechos de autor. Desde entonces aparecería bajo el crédito de Jay Livingston y Ray Evans.

 Si bien Mérido Gutiérrez no alcanzó la fortuna con su Mona Lisa, sí fue un hombre afortunado al triunfar como un profesional de la prensa en su natal ciudad de Holguín, donde su familia y su pueblo, lo recuerdan con entrañable cariño.

Como homenaje a este compositor y periodista, en el complejo cultural Plaza de la Marqueta, núcleo principal del centro histórico de la ciudad de Holguín, existe un establecimiento bautizado con el nombre de Mona Lisa, concebido específicamente para la venta de cassettes y discos compactos de música.

 Es un sitio para la evocación de la famosa pintura realizada en 1503 por Leonardo Da Vinci, y  también un recuerdo permanente a La Gioconda  que el holguinero Mérido Gutiérrez llevó al pentagrama musical.
 
 
      

CHAIKOVSKI Y SU AMOR EPISTOLAR

CHAIKOVSKI Y SU AMOR EPISTOLAR

Por María Elena Balán Saínz   

La utilización de la música dramática en la danza tuvo en el compositor ruso Piotr Ilich Chaikovski a uno de sus más altos exponentes en el siglo diecinueve, tal como lo demuestran los ballets El Lago de los cisnes y La bella durmiente, cuya intensidad melódica  y su brillo instrumental no han sido superados.

 

Al evocar a Chaikovski vienen a la memoria la profunda melancolía que se aprecia en algunas de sus obras, tal vez motivada por una vida amorosa que  dejó insatisfacciones  en el insigne artista.   Nacido el siete de mayo de 1840 en Votkinsk, zona de Los Urales, estudió la carrera de Derecho y recibió clases de música en San Petersburgo y ya en 1866 fue nombrado profesor de armonía en el Conservatorio de Moscú, donde conoció al dramaturgo que le escribió el libreto de su primera ópera.

 MIL DOSCIENTAS CARTAS LLENAS DE NOBLES SENTIMIENTOS   

En 1876 comenzó la relación epistolar de Chaikovski con Nadezhda Filaretovna von Meck, una viuda adinerada que se declaró como una de sus más fervientes admiradoras y con la cual estuvo vinculado  trece años.

  

Durante ese tiempo, en el que paradójicamente nunca se vieron, ni escucharon mutuamente, Chaikovski y Nadezhda intercambiaron mil doscientas cartas, abarcadoras de los sentimientos más tiernos, puros y sinceros de una amistad.   Hubo épocas, como en 1878, en Florencia, en que en menos de un mes se escribieron cincuenta y dos cartas.   Para la viuda, quien era una mujer de cuarenta y cinco años, nueve más que el genial músico, aquello significó algo más que una amistad. Para ella fue un apasionado amor.

  

 Nadezhda era dueña de la rica herencia que le dejó su esposo, propietario de los ferrocarriles más grandes de Rusia, pero la soledad que sentía –a pesar de sus doce hijos- la hizo inclinarse por el arte y se convirtió en una especie de protectora de los jóvenes talentos de la música, a los que invitaba a conciertos caseros y pagaba con creces.   Se dice que fue ella, aún antes de los críticos, quien reconoció las inigualables facetas artísticas de Chaikovski, hasta el que llegó a través de uno de sus protegidos, al cual le pidió que le encargara al compositor arreglos y adaptaciones para piano.

  

A pesar de tener problemas económicos Chaikovski se interesó casi más por las rarezas que su joven amigo le contó de Nadezhda, que por sus propios honorarios.

Conmovido y halagado por el culto que rodeaba su nombre en la casa de la rica viuda, le mandó a trasmitir su gratitud y la señora von  Meck, satisfecha de que su compositor favorito aceptara cumplir sus pedidos, le contestó y fue así que comenzó el intercambio epistolar y el apoyo de aquella sensible mujer al músico, del cual se enamoró apasionadamente.   Sin embargo, ella siempre evadió el encuentro personal, tal vez porque era mayor y no tan agraciada y temía que él se decepcionara al verla.    

DEDICO LA CUARTA SINFONÍA A SU AMIGA  

  El 10 de febrero de 1878 se ejecutó por primera vez en Moscú la Cuarta Sinfonía de Chaikovski, consagrada a su mejor amiga, Nadezhda Filaretovna von Meck, quien asistió al teatro pero evadió el encuentro.

  

 En numerosas ocasiones durante ese año, Chaikovski pudo convencerse, por asombroso que pareciera, de que cada tristeza o alegría suyas, pensamiento o deseo expresado a la sensible dama, encontraba respuesta inmediata de consuelo o apoyo.  Esa fue una época de gran fecundidad en la vida del artista, que compuso la música para los ballets El lago de los cisnes y La bella durmiente y las óperas Eugenio Oneguín, La doncella de Orleans y La hechicera

 

Gracias a esa relación epistolar, recogida en tres tomos, de los 15 de diferentes escritos dejados por el inmortal compositor, se han podido conocer muchos detalles de su vida.   Aquella amistad quedó interrumpida abruptamente por Nadezhda cuando ya Chaikovski era famoso y ella se sentía vieja y enferma.

 

El genial artista  nunca se lo perdonó y aunque se casó con una estudiante de música del Conservatorio de Moscú, que era alumna suya y le había escrito confesándole su amor, el matrimonio no funcionó desde el principio y al poco tiempo se separaron.        

DOÑA GUIOMAR, UNA ESPAÑOLA EN LA COLONIZACIÓN

DOÑA GUIOMAR, UNA ESPAÑOLA  EN LA COLONIZACIÓN

Por María Elena Balán Saínz 

  

En Santiago de Cuba es donde a veces se recuerda a Doña Guiomar de Guzmán, sobre todo como un personaje de la obra teatral De cómo Santiago Apóstol puso los pies en la tierra, montada por el grupo de Teatro de Relaciones en la década de 1970.

  

Para muchos, Doña Guiomar ha sido eso, un personaje de ficción, pero sepa usted que esa mujer tuvo parte activa en la colonización de la Isla.

  

Se presume que en 1521 llegó Doña Guiomar a Santiago de Cuba, acompañando a su esposo, el contador Pedro de Paz. Pero no fue durante su matrimonio con ese señor cuando la singular española se hizo sentir en la vida pública de la colonia de aquella época, sino posteriormente, cuando después de quedar viuda se casó con el gobernador Juanes de Ávila.

  

Cuentan que cuando murió su esposo, Doña Guiomar se encontraba en Sevilla y nombró a fray Domingo Sarmiento, Obispo de Cuba, para cobrar sus cuantiosas rentas.   Pero al darse cuenta de que sus propiedades eran ambicionadas por otro peninsular de  jerarquía que estaba en la Isla, decidió venir nuevamente para Santiago de Cuba en 1540.

  

A partir de entonces su nombre apareció con frecuencia en los documentos de Las Indias, por su influencia en la vida política de la colonia.   En febrero de 1544 arribó a Santiago de Cuba un nuevo gobernador, el joven licenciado Juanes de Ávila, quien fue a residir a la casa de Doña Guiomar, la cual poseía una de las mejores viviendas de la villa.

  

 Ya ella era una mujer madura, que había enviudado dos veces y tenía cuatro hijos, pero resultaba muy agradable en su trato y conservaba su atractivo físico.

   

 Era una dama  astuta, que trascendió el ambiente tradicional de la época en que  las mujeres se dedicaban al bordado y al cuidado de sus hijos.  A través de sus encantos puso al Gobernador de su parte y ganó pleitos hasta al propio obispo fray Domingo Sarmiento, quien había administrado sus bienes.   El hecho de que el Gobernador Juanes de Ávila viviera en su casa, despertó intrigas y chismes, argumentados por el propio obispo, el cual estaba afectado por las decisiones de Ávila a favor de aquella mujer.

  

 No fue hasta  1545 que contrajeron matrimonio la viuda y el joven gobernador, quien se había granjeado la enemistad de muchos peninsulares a cuenta de Doña Guiomar.  Se dice que ella llegó a ser dueña de la voluntad de sus convecinos y eje de la política de la entonces pequeña ciudad de Santiago de Cuba.

 

Para la época en que vivió fue, sin dudas, una mujer excepcional, cuya audacia e inteligencia le permitieron ganar un lugar en la colonización de Cuba.