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María Elena Balán/ Arca de cubania

?LOS RESTOS DE COLON EN LA HABANA?

?LOS RESTOS DE COLON EN LA HABANA?

  Por María Elena Balán Saínz    

 Cuando Santo Domingo fue abandonado por los españoles, ante el empuje de los franceses, se designó una comisión para trasladar los restos de Cristóbal Colón a La Habana.

  

   Hay quienes afirmaron que fue a su hermano Diego al que trajeron a Cuba y que el descubridor de América quedó donde estaba.

   

    Referencias escritas en el siglo pasado y atribuidas a Richard Lewis señalan:   Los restos de Colón yacen en la antigua Catedral de La Habana. Si existe alguna tumba que merezca ser honrada, es esta del hombre que, habiendo descubierto un mundo, sólo recibió insultos y penas como recompensa terrenal, y a cuyo honor se ha rendido escaso tributo. Los restos de Colón, después de ser removidos por tercera vez, fueron depositados finalmente en una caja de metal.

  

   Fue en 1506 que murió el Almirante Cristóbal Colón. Pocos años después de su fallecimiento, sus cenizas fueron trasladadas desde España a Santo Domingo, y alrededor de setenta y cinco años más tarde descansaron en Cuba, según recogen algunos escritos.

  

   En 1823, el Obispo de Espada escribió un acta en la sesión del Cabildo, en la cual decía que las cenizas de Colón estaban depositadas en la santa Iglesia Catedral desde 1796, aunque su traslado había ocurrido un año antes, al cederles los españoles a los franceses la ciudad de Santo Domingo.

  

   Explicaba el alto clérigo que en el mismo lado del Evangelio, en la pared que divide al presbiterio de la Capilla de Loreto, hicieron mayor el nicho para la nueva colocación de la caja de plomo, en la cual estaban las cenizas de Cristóbal Colón.

  

   El Prelado deseó colocar justamente en el mismo depósito donde descansarían los restos del insigne navegante en la Catedral habanera, una edición grande del Código de la Constitución política de la monarquía española, promulgada en Cádiz en 1812, según escribió el Obispo de Espada en un acta de la sesión del Cabildo en 1823.

  

   Destacaba el religioso que el documento sería puesto en otra caja de caoba con su exterior de plomo, la cual guardaría también la gran medalla de oro acuñada en Cádiz.

   

   Tendría, además, el busto e inscripción en el anverso del libro abierto de la Constitución y otras medallas de plata de los Reyes.

  

    Por último, la urna sería cerrada con una lápida del mejor mármol, en la que aparecería en bajo relieve el busto de Cristóbal Colón y una inscripción que decía:

MIL SIGLOS DURAD, UNIDOS EN LA URNA.   

    En escritos de la época se asegura que a la derecha del altar de la Catedral de La Habana estaba el monumento al descubridor de América, compuesto por una lápida de mármol fijada a la pared y, sobre ella, una figura en relieve, pobremente ejecutada.

  

   Hasta allí fue en 1877 Enrique Hernández Ortega, quien escribió:

  

  Me dirigí a la Catedral a rendir un homenaje piadoso ante los restos de aquel santo.   Llevado de la natural curiosidad volví la vista en derredor del local para contemplar el ornato del mismo y con desagrado observé una gran mancha de humedad en la pared que separa la capilla del Presbiterio.

  

  A vosotros dejo las deducciones que de todo esto se desprende, pero decídme: ¿será mucho suponer que aquella mancha de humedad vista por mi, fuera la tronera recién tapada por donde desaparecieron los restos de Colón encontrados por los dominicanos en 1877?
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