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María Elena Balán/ Arca de cubania

Sociedad

Una chica plástica, de esas que van por ahí…

Una chica plástica, de esas que van por ahí…

 

Por María Elena Balan Sainz

 

   Al preocupamos por la crisis de los valores morales de los jóvenes, generalmente estamos impactados por un cambio de conductas que chocan de algún modo con nuestras referencias establecidas.

 La juventud se define frecuentemente por un rol social, caracterizado por su manera de interactuar en su grupo o comunidad, por la imagen proyectada mediante el tipo de ropa, maquillaje y lenguaje, entre otros aspectos.

  Existe cierta frustración para quien se percibe incapaz o impedido de cumplir con las exigencias de la  moda. Algunos le confieren  más valor a lo material, que a lo espiritual. Sobrevaloran la forma de vestirse, estar en la “onda”, aunque su aspecto sea irreverente, su cabello con colores y cortes extraños, la forma de expresarse chabacana y vulgar.

  No escasean en estos tiempos los llamados chicos o chicas “plásticas”, remota referencia a una popular canción del panameño Rubén Blades, en la cual definía las aspiraciones de esos jóvenes cuyos objetivos son lucir bien, relacionarse con quienes consideran sus iguales, porque tienen una posición económica ventajosa, aunque resulten superficiales en su conducta.

  Muchos viven en urbanizaciones que antes de 1959 fueron de la burguesía en la Isla, usan ropas de “marca”, conducen autos modernos de los padres o de ellos mismos, asisten a lugares de recreación donde el pago es en “moneda dura” (léase divisa convertible) y tienen gustos por encima de las posibilidades de un cubano de a pie.

  No se trata de citar estereotipos y frases hechas, sino llamar la atención sobre un asunto preocupante, el cual tiene alcance  global, ya que la crisis de valores no solo afecta a nuestro país, donde además se aprecia a todas luces diversos rangos sociales.

    En la sociedad no puede haber solamente  transformaciones económicas, políticas, también resultan necesarias las de orden espiritual, tal como postulaba José Martí .

   El impacto de los años de 1990 -cuando comenzó en Cuba el Período Especial- sobre un segmento de la juventud cubana trajo consigo  la consiguiente  disminución y poco desarrollo de la conciencia de igualdad, problemas en cuanto a la socialización, deterioro en los valores, así como falta de motivación para la continuación de estudios.

  Muchas familias fueron más pasivas ante actitudes transgresoras de hijos e hijas, quienes en ocasiones optaron por la deserción escolar, la búsqueda de ganancias fáciles en lo que se presentara.

  El alejamiento de las relaciones de labor productiva lleva a no valorar el trabajo de las personas, el costo de la vida y de los bienes de consumo e implanta la regla de la “ganancia fácil”.

 Los propios padres son, muchas veces, los que favorecen esta tendencia, al querer ofrecer a sus hijos aquello que, en términos de consumismo, ellos mismos no tenían en su juventud.

  Por estos días no son pocos los  jóvenes para quienes la noche se ha convertido en su símbolo por excelencia: es el tiempo ‘sin tiempo’, sin reloj y sin horario, es el espacio de la libertad sin disciplina y sin exigencias externas.

  Así se les puede ver en plazas o sitios urbanos donde muestran sus extravagancias, se suman a grupos con iguales características en cuanto a proyección social y hacen caso omiso de normas de urbanidad establecidas desde antaño.

  Otros aprovechan  las altas horas nocturnas para crear bulla en sitios públicos, tomar el ómnibus y ofender al chofer y a los viajeros,  así como para manifestarse con violencia en la calle.

  Ante tales actitudes bien vale recordar que la ética empieza cuando el hombre es capaz de aceptar que “no todo le da igual”.

  La vida humana es elección permanente, hagamos que  la formación de valores sea parte del quehacer propio, de la familia y la sociedad en su conjunto. Por supuesto, para lograrlo habrá que cambiar muchas cosas. (Por María Elena Balán Sainz) 

 

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Alerta ante privilegios o compadreos

Alerta ante privilegios o compadreos

Por María Elena Balán Sainz 

Aunque la mayoría de los cubanos vivimos al día, como resultado de nuestro trabajo, existen casos de quienes acumulan bienes personales en demasía  apropiándose de los bienes del Estado 

  Son burócratas corrompidos, con cargos obtenidos a golpe de simulación y oportunismo que utilizan sus posiciones con el fin de acumular fortunas. Para ellos  aquella frase esgrimida por la familia de “pobres, pero honrados”, pasó al olvido. 

  Para ilustrar tales posturas tomaremos el caso de una céntrica tienda en La Habana (Shopping Carlos III) donde se inflaban los precios, se desviaban auto partes y electrodomésticos al mercado ilegal, se falsificaban los documentos contables y demás delitos.

  Esas ganancias fraudulentas conducen a tales individuos a desdoblarse en dos vidas paralelas, una de aparente exigencia y cumplimiento de sus deberes y la otra, la que está detrás de la fachada, de un glamur semejante al de turistas adinerados.

  Algunos al ser cogidos in fraganti, tras auditorías practicadas en su centro de labor, argumentan que al no tener un control sistemático sobre ellos se dejaron llevar por sobornos y comprometimiento de  sus superiores.

  Tales justificaciones suenan huecas. ¿Acaso si no hay verificaciones fiscales y auditorias sistemáticas puede sentirse un directivo tentado a la acumulación de capital con el dinero robado o explotando con los bienes adquiridos por privilegios o compadreos?

  En estos tiempos hay personas que piensan que apropiarse de lo de su empresa, de su taller, del lugar donde construyen un edificio o del sitio donde laboran no es malo, porque son bienes del Estado y total, los suministros vuelven a suplir eso que “se perdió”.

  Lo peor es que muchos lucran con todo aquello que se llevan del trabajo y cuando alguien les dice que es una ilegalidad, se ofenden. Quieren ganar más dinero que quienes en realidad dan su aporte a la sociedad y estudiaron y se superaron para desempeñar su profesión.

  La honradez como estado natural de la conciencia viene de la cuna, de los buenos hechos que transmite la familia o de la palabra del maestro cuando nos habla de los principios éticos.

   Por eso no puede entenderse que algunas personas, aduciendo necesidades personales o afán de lucro, se lleven a sus viviendas lo que es propiedad del Estado y también la de los ciudadanos que viven en su comunidad.

   Son conductas reprobables y existe un código penal que las sanciona. No se puede admitir que quede impune quien atente contra los bienes sociales o de las personas.

   Honrado no es sólo el que devuelve lo que no es de él. Es aquel que vive con el resultado de su propio esfuerzo, sin apropiarse o valerse de logros ajenos. (Por María Elena Balán Saínz)    

 

 

 

Havanastation

Havanastation

Comentario de Dayron Rodríguez Rosales,

estudiante Periodismo, de quien fui tutora

En el mundo de hoy conviven muchas Habanas, las que se muestran en portadas de revistas y las que no se asoman ni por casualidad en estas publicaciones, las que brillan por su lujo y las que lo hacen por los seres que habitan sus calles, las que destacan por la belleza de sus edificaciones y las que logran brillar por lo que significan más allá de sus lindas fachadas.

La realidad mostrada en el más reciente filme del realizador cubano Ian Padrón, Havanastation, traspasa fronteras de todo tipo convirtiendo a la capital cubana en punto de referencia a nivel internacional, al convertirse en escenario idóneo para el tratamiento de un asunto de todos y para todos: la batalla contra la inhumanidad.

Ojalá y más a menudo historias como estas sirvieran de pretexto para abordar la temática de la pérdida de valores humanos en el panorama mundial, de la cual nuestro país no escapa, ni se salva. Pero lo cierto está en que la producción de la que hablo constituye otro granito de arena ante esta labor abismal en la que todos de una forma u otra debemos contribuir.

Hoy día, vivimos en medio de situaciones capaces de perturbarnos y de hacer olvidar o ignorar lo que nos hace personas, nuestra capacidad de amar. Más allá de la pequeña burbuja en la que nos encontramos, no nos percatamos de que existe todo un mar. Descubrir ese mar no es tarea fácil, pero basta con mirar con nuevos espejuelos la vida, para poder observarlo.

La modernidad, con sus avances tecnológicos, con sus atractivas tendencias, con sus nuevos modos de mirar al horizonte y con sus maneras de actuar más flexibles nos transforma en marionetas de su teatro y sólo en nuestras manos está decidir si queremos protagonizar actos de entretenimiento, que se quedan ahí en la diversión y nada más.

¿Un playstation, una camisa de marca, un móvil de última generación o una cartera llena pueden contra la fuerza interna y la espiritualidad del hombre o es ese hombre el que se deja aplastar por la comodidad y el materialismo justificándose en la idea de que todos tenemos derecho a superarnos y a avanzar en esta vida?

Aunque en este contexto actual, carcomido por las apariencias y la superficialidad, poseer un nivel económico de vida, mientras más elevado mejor, es sinónimo de lo que algunos nombrarían ir adelante del resto de la sociedad o «progresar», en ocasiones, esta teoría nos puede colocar detrás de hasta el mayor de los desposeídos.

Ser rico o vivir como tal no nos hace individuos con éxito y si, no he de negar que quien tenga esa posición podrá disfrutar de una existencia más placentera en lo que a necesidades o antojos externos se refiere, pero no hay que ignorar que hay otros requerimientos indispensables para el logro de la tan ansiada felicidad en los seres humanos a los que el dinero no puede comprar.

Comencemos a apreciar los detalles más sencillos de la vida y los pequeños momentos que nos reconfortan sin tener que acudir a lo material para conseguirlo y haciendo esto lograremos, o al menos nos acercaremos, a una Habana en la que el amorstation brote de sus habitantes y para beneficio de todos.

Joyas constructivas de La Habana

Joyas constructivas de La Habana María Elena Balán Saínz
La Habana colonial fue denominada por un obispo en otros tiempos como la garganta de todas las Indias, ya que el oro y la plata de América pasaban anualmente en su travesía con destino a España a través del estrecho y corto canal de entrada de la bahía habanera.
El asedio de corsarios y piratas constituía una amenaza para las naves que fondeaban en los puertos y también para los habitantes de los incipientes poblados, por lo que el rey español Felipe II ordenó un plan de defensa tanto para Cuba como para otras tierras del Nuevo Mundo.
Correspondió al ingeniero italiano Bautista Antonelli convertir a La Habana y las demás colonias de la región en los mejores sitios fortificados del imperio..
Los llamados castillos de Los Tres Reyes del Morro y el de San Salvador de la Punta fueron diseñados por quien resultó un maestro de las ciencias técnicas, capaz de legar a la posteridad esas joyas constructivas que despiertan la admiración de quienes visitan la capital cubana.
Dichas fortificaciones tenían la misión de hacer inexpugnable el acceso a la bahía, ya que podían cruzar los fuegos de sus cañones si resultaba necesario.
Desde 1590, en plena amenaza de los corsarios ingleses, comenzaron a ser emplazadas una frente a la otra, apenas separadas por los 430 metros de la boca del canal, sobre dos asientos topográficos muy diferentes, de los cuales tomaron sus nombres más comunes: el Morro, un promontorio rocoso elevado, y la Punta, una terraza de arrecifes y arena situada a ras de mar en forma de ángulo.
El Castillo de La Punta parecía surgir del mar sin fosos, bañado por las aguas. Su figura era la de un cuadrilátero con cuatro baluartes en sus ángulos y como no se trataba de una obra de grandes proporciones, se consideraba ya habilitada para la defensa en 1593, cuando el Morro daba aún sus primeros pasos.
Cuentan que Juan de Tejeda, en ese entonces gobernador de La Habana, y el italiano Bautista Antonelli quisieron perpetuar su participación en la obra del Castillo de la Punta y grabaron sus nombres en relieves que aún perduran en sus muros,
Esa obra fue sometida en 1998 a un cuidadoso proceso de restauración, tras el cual abrió sus puertas para ofrecer al visitante las más emblemáticas piezas, en lo que constituye un museo arqueológico subacuático con objetos rescatados de los pecios. La Punta atesora las muestras que el océano le devuelve, protegiéndolas con el mismo papel de fiel guardián que antes desempeñó a la entrada del puerto, tal como lo previó Antonelli.
En tanto, el Castillo de Los Tres Reyes del Morro continúa también dando la bienvenida a cuanto buque entra por la bahía y constituye un símbolo de la ciudad.


Palabras mágicas que abren caminos

Palabras mágicas que abren caminos

CONVIVENCIA: Palabras mágicas que abren caminos

María Elena Balán Saínz

 No piense el lector que vamos a referirnos a conjuros para que aparezcan figuras míticas que resuelven los problemas, vamos a ofrecer sencillamente frases reales como Gracias, Por favor, Disculpe, las cuales abren las puertas como portadoras de la cortesía.

  Vivimos con tanta premura que en muchas ocasiones hacemos caso omiso de cuánto puede representar un saludo mañanero, un gesto de agradecimiento, una disculpa oportuna.

   No absolutizamos si decimos que sin la cortesía la vida en sociedad es imposible, porque es elemento esencial en el código de la conducta social.

  Las relaciones humanas resultan más flexibles cuando mostramos buenos modales, respeto hacia las demás personas, compresión ante un imponderable, consideración hacia los demás.

  Cada individuo tiene su modo de ser,  sus costumbres, sus ideas, su individualidad y para lograr una efectiva convivencia, sin fricciones que afecten las relaciones interpersonales, debemos tener en cuenta las características de esas personas.

   Todo esto contribuye  a la conservación de la paz, a la armonía entre las personas, y hace más agradable la convivencia.

   La cortesía atrae, y por muchas razones resulta conveniente. Enriquece espiritualmente a quien la practica y abre fácilmente las puertas de la amistad, según estiman estudiosos del tema.

  Cada mañana al levantarse piense en esas palabras mágicas que abren caminos, salude a su familia con un afectuoso buenos días, que sea extensivo a las demás personas que luego encontrará en el inicio de su jornada diaria.

 

 

 

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Ike no pudo borrar la esperanza

Ike no pudo borrar la esperanza

Por María Elena Balán S.

Con su carga de espiritualidad, de aspiración en el mejoramiento humano, la herencia de los postulados de José Martí constituyen una orientación imprescindible en estos tiempos  de combate y de esperanzas a favor de la multiplicación de esfuerzos, encaminados a restañar los daños causados por los huracanes Ike y Gustav.

   Los cubanos no nos hemos sentido solos, la mano del vecino, del amigo, o de los compañeros de trabajo se ha extendido para ofrecer apoyo, para brindar ayuda. El Estado revolucionario ha trazado sabias estrategias para ir reparando viviendas, centros estudiantiles, empresas, tendidos eléctricos y telefónicos y hacer que vuelvan a florecer los cultivos, a que la tierra nos de los alimentos.

   Integrantes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias desbrozaron caminos para que volvieran a ser transitables, ayudaron a limpiar de escombros las áreas donde muchos hogares quedaron destruidos. Se sumaron a las tareas de recuperación y reafirmaron que el ejército es el pueblo uniformado.  Junto a esos combatientes estuvieron también trabajadores civiles y pobladores de los sitios afectados.

   Igualmente, Cuba ha recibido de numerosos países,  cargas de ayuda humanitaria para los damnificados, como muestra recíproca de cuánto ha hecho esta nación por otras, cuando han sufrido catástrofes o desastres naturales.

   Por estos días, la convivencia en la Isla ha estado matizada por el optimismo y la perseverancia. Las muestras de solidaridad son conmovedoras, como  los casos de familias que han albergado a otras que perdieron sus casas o que han ofrecido parte de su espacio para que funcionen las aulas y los estudiantes no pierdan tiempo de su docencia.

   La cultura, como escudo y espada de la nación, con representantes de diversas manifestaciones, ha llevado a los damnificados su mensaje, con una gran carga de espiritualidad.

   Conmueve ver cómo, a pesar de lo devastados que quedaron poblados del occidente y oriente del país, la llegada de las brigadas artísticas devuelven la risa a aquellos que perdieron no solo viviendas y objetos personales, sino también parte de la memoria histórica de la familia, preservada en un álbum de fotos, en un adorno que era de la abuela o cosas similares.

   Así es nuestro pueblo, ese que ha sabido imponerse a más de cuatro décadas de férreo bloqueo de los Estados Unidos, o a los duros años del Período Especial, sin claudicar jamás.

   Aquí no hemos perdido la sonrisa, la fe en el futuro, son tiempos de combate y de esperanzas y saldremos adelante.

 

 

 

 

Primera Villa cubana festeja su aniversario

Primera Villa cubana festeja su aniversario

Por María Elena Balán S.

 

   Muchos afirman que visitar Baracoa, en el extremo oriental de Cuba, es como viajar a un paraíso donde la vegetación deslumbra por su colorido, el cual contrasta con el verde azul del mar que baña su relieve ondulante.

   Su belleza ganó la admiración de los colonizadores españoles hace casi medio milenio, cuando el Adelantado Diego Velázquez decidió fundar allí la primera Villa de la Isla el 15 de agosto de 1511,  y le dio por nombre el de Nuestra Señora de la Asunción de Baracoa.

   Por estos días  festeja el aniversario 497 de ese hecho y su comunidad de poco más de 81 mil habitantes la preserva con todo su legado histórico.

   Las calles angostas mantienen ese encanto que permite admirar a quienes las transitan, las edificaciones de modesta arquitectura ecléctica, entre las cuales no falta algún que otro sitio de singular interés, evocador de alguna  leyenda, como el hotel de la rusa.

   Se le denominó así porque su propietaria fue una enigmática mujer de origen ruso, radicada en esa intrincada ciudad de Cuba. En la actualidad son muchos los visitantes que acuden al lugar para conocer sobre ese personaje presente en la obra de Alejo Carpentier, "La Consagración de la Primavera".

   En Baracoa radicó el primer obispado que tuvo Cuba y allí se conservan recuerdos de la época colonial, como la famosa Cruz de La Parra, fabricada por los españoles durante el primer viaje a América con maderas preciosas del lugar y que fuera utilizada para oficiar por el sacerdote Fray Bartolomé de Las Casas.

   De esos tiempos en que los europeos gobernaron el lugar, quedan evidencias como las edificaciones levantadas con piedra de cantería, entre ellas las fortalezas coloniales de El Castillo y La Punta, y los torreones de Joa y del Cementerio.

   El Yunque de Baracoa es otro elemento natural que llama poderosamente la atención de quienes visitan la Ciudad Primada de Cuba. Tal parece como si un artista hubiera esculpido esa montaña aplanada de 575 metros de altura, de gran similitud con la pieza utilizada por los herreros para su labor.

   La ciudad cuenta además, con una gastronomía muy peculiar a base de plantas, con platos como el Bacán, especie de tamal de plátano verde, el ajiaco o el pescado cocido con leche de coco.

  Quienes gustan del dulce, aprecian mucho el Cucurucho, envasado de manera cónica en hojas de yagua y que tiene en su composición al coco y la piña. También se fabrica allí el famoso chocolate elaborado con el cacao que se cultiva en el territorio.

   Para tener acceso por carretera a esa ciudad, que guarda un misterioso hechizo, hay que aprestarse a correr una interesante aventura por una vía que serpentea entre las montañas y responde al nombre de La Farola.

   Tiene 11 puentes colgantes y el punto más relevante está en Altos de Cotilla, a más de 600 metros sobre el nivel del mar.

   Así se puede respirar con profundidad el olor a tierra fértil, rica en cocoteros y plantas productoras de cacao, helechos arborescentes que datan de cientos de años, y extensos cafetales.

   Diversas arterias de agua recorren el territorio, entre ellas el Toa

 -considerado el río más caudaloso de la isla-, marcado en su paso por numerosas cascadas, mientras el conocido con el nombre de Miel inspiró el título de un filme cubano del director Humberto Solás.

  La película Miel para Oshún recrea locaciones en la Ciudad Primada,  lo mismo que  el filme Viva Cuba.

   Baracoa llamó la atención de otros cineastas europeos para atrapar sus imágenes y perpetuarlas en el séptimo arte.

  Tal es el caso del actor francés Pierre Richard, conocido popularmente como el Rubio, alto del zapato negro, quien filmó hace unos años el largometraje Robinson Crusoe.

   También Geraldine Chaplin y Gerard Depardieu estuvieron en la Ciudad Primada de Cuba, junto al director Daniel Vigne y un equipo de cineastas franceses, que rodaron la cinta Los aventureros de los mares del sur, en recordación del escritor Robert Louis Stevenson, quien murió en islas Samoa, de gran similitud con Baracoa.

    Pero tanto deslumbramiento por esa localidad oriental está totalmente justificado, porque su acogedora bahía, sus ríos de aguas transparentes y su flora y fauna endémicas han sido elementos suficientes para llamarla Ciudad Paisaje.

 

 

   

 

 

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Santiago de Cuba: Historia, cultura y tradición

Santiago de Cuba: Historia, cultura y tradición

Por María Elena Balán S. 

   Una cultura policroma, con ingredientes autóctonos como el son, el bolero y el ron, confieren a Santiago de Cuba ese sabor caribeño que la convierten en una ciudad donde la historia, la música, el tabaco, la poesía y los cultos sincréticos se funden indisolublemente.

   La legendaria Villa, fundada en 1515 por el español Diego Velázquez hace ya 493 años, se distingue por el encanto natural  que genera la idiosincrasia de su gente,  mezcla de razas europeas y africanas, que sabe el momento exacto de bailar acompasadamente al ritmo de los tambores y la trompeta china, o cuando debe hacer gala de su carácter bravío, de su intransigencia revolucionaria.

   De forma merecida ganó la definición de Cuna de la Revolución, de ciudad heroica. Allí nacieron 29 Generales de las guerras de independencia y fue en esa ciudad donde la Generación del Centenario, con su líder Fidel Castro, protagonizó hace 55 años la histórica hazaña del asalto al Cuartel Moncada, tras el bochornoso golpe de Estado del dictador Fulgencio Batista.

   Mucho antes del tristemente recordado 10 de marzo de 1952, cuando ocurrió el Golpe de Estado, ya el joven abogado Fidel Castro era del criterio que una transformación revolucionaria en Cuba sería solamente posible con la participación de las masas populares y no por la vía electoral. Se imponía la lucha armada como el método adecuado para la oposición al régimen dictatorial.

   Llenos de sueños y fe en un futuro mejor para la Patria se congregaron en la Granjita Siboney, en las afueras del centro urbano, donde se celebraban los carnavales santiagueros.

   Había llegado la Hora Cero y se aprestaron a partir al asalto de la segunda fortaleza militar mejor equipada en la Isla. Algunos tendrían la misión de tomar el Palacio de Justicia y otros apoyar la acción desde el hospital Saturnino Lora.

   Aunque no lograron triunfar en su empeño, esta acción dio un giro radical a la historia de Cuba, porque demostró que existía una efervescencia revolucionaria opuesta a los desmanes de la dictadura batistiana.

   Muchos de los jóvenes revolucionarios fueron masacrados y otros encarcelados durante dos años, tras los cuales salieron de prisión por una amnistía decretada debido a la presión popular existente en el país.

   El Programa de reformas a favor de los desposeídos, dado a conocer por Fidel en su alegato de defensa La historia me absolverá los conminó a continuar la lucha.  El líder revolucionario organizó en México la expedición del yate Granma con 82 combatientes a bordo. Desde Santiago de Cuba, Frank País y otros conspiradores apoyaron el desembarco con la acción del 30 de noviembre de 1956.

 

CÁLIDA MIRADA A UNA CIUDAD HERMOSA

 

   La celebración en Santiago de Cuba del acto central nacional por el aniversario 55 del 26 de julio, nos invitó a dar una cálida mirada a la más caribeña de las ciudades cubanas.

   Por sus calles corre la historia, en muchos rincones se recuerdan hechos de gran trascendencia en la lucha revolucionaria. Es como si la ciudad  a través de sus edificaciones, sus muros, sus plazas y angostas calles nos fuera revelando cada momento vivido, desde los más cruentos hasta los más felices.

   El santiaguero tiene ese gracejo innato que le gana amigos de inmediato. Quien va a Santiago de Cuba no puede sustraerse a la hospitalidad de sus habitantes, ni tampoco puede dejar de admirar el contraste entre las montañas y el mar, surcado en otros tiempos por corsarios y piratas como el temible Jacques de Sores. De ahí la decisión de la metrópoli española de construir la fortaleza de San Pedro de la Roca del Morro, declarada por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad.

  Hay en ese territorio más de 15 museos, que atesoran hechos como salidos de las leyendas, por su trascendencia.

   En la parte más antigua de la ciudad está un sector residencial conocido como El Tibolí, donde perviven tradiciones franco-haitianas que recuerdan la llegada de los colonos franceses que huyeron de la guerra desatada en Haití en 1791.

   Las congas típicas de la ciudad son la de Los Hoyos y Paso Franco, contagiosas por su ritmo. Es raro encontrar a un habitante de esa ciudad y hasta a quienes la visitan, que permanezcan sin moverse cuando escuchan esa música con puro sabor santiaguero.

   Y ya que estamos en el tema de la música, el acervo cultural de esta localidad se enriquece igualmente con la trova, cuyas raíces se fomentaron a finales del siglo XIX en los días que transcurría la Guerra del 95. Tiene una casa en el centro urbano, la cual constituye un lugar ideal para la evocación.

 

INSTALACIONES, PLAZAS Y PARQUES

 

   En Santiago de Cuba hay sitios de obligada referencia, entre los cuales figura el Cuartel Moncada, que tras el triunfo de la Revolución fue convertido en escuela y una parte en museo.

   Resulta sumamente interesante la visita a la Granjita Siboney o al parque Abel Santamaría, donde en otros tiempos estuvo el hospital Saturnino Lora.

   Relativamente cerca de este último lugar está la Plaza de Marte, que evoca al dios mitológico de la guerra, pero en este caso invita al descanso en sus bancos escoltados por la sombra de los árboles.

   Desde allí puede bajarse por toda la calle Enramada, para apreciar comercios y cafeterías, y llegar hasta el parque Céspedes, en pleno corazón de la ciudad, escoltado a un lado por el Ayuntamiento, ahora sede de la Asamblea Provincial del Poder Popular, mientras de otra parte está la Catedral, y en las dos calles restantes que lo circundan se asientan el hotel Casagranda  y la casona del conquistador Diego Velázquez, la más antigua de América.

   En otra parte de la ciudad está el cementerio Santa Ifigenia, donde reposan insignes figuras de nuestra historia, como el Héroe Nacional José Martí, cuyos restos descansan en un Mausoleo erigido especialmente para rendirle tributo de recordación.  

   Por su parte, la loma de San Juan , El Viso, las playas de Siboney y Daiquiri recuerdan las últimas batallas de la guerra hispano-cubano-norteamericana, ocurridas cuando la victoria para las fuerzas mambisas se vislumbraba segura y fue escamoteada por la potencia yanqui.

   En las afueras de la ciudad se erige el Santuario de El Cobre, en un pobladito de igual nombre, visitado por muchas personas que quieren ver la imagen de la Patrona de Cuba, la Virgen de la Caridad. Allí entre muchas ofrendas se encuentra la Medalla del Premio Nobel otorgada al escritor norteamericano, amigo de Cuba, Ernest Hemingway.

   Sería interminable citar los sitios de interés histórico, cultural o arquitectónico que atesora Santiago de Cuba. Para concluir este recorrido les diremos que se conserva el local donde fueron juzgados los combatientes que sobrevivieron al asalto al Moncada y donde Fidel realizó su autodefensa como abogado.

   También nombraremos la histórica plaza que rinde homenaje a uno de los hijos de esa tierra, el Lugarteniente General Antonio Maceo, cuya intransigencia revolucionaria alienta al pueblo en su batallar diario por el desarrollo de nuestro proyecto social.

  

  

  

 

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