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María Elena Balán/ Arca de cubania

Evidencias arqueológicas unen a Cuba y Yucatán

Evidencias arqueológicas unen a Cuba y Yucatán

Por María Elena Balán Saínz

En Cuba resulta común definir a una persona como campechana cuando se quiere destacar su bondad, trato afable y carácter diáfano.

Las raíces de tal reconocimiento datan de épocas tan remotas como el siglo XVI, cuando desde el puerto de Campeche, en la península de Yucatán, partían barcos cargados con individuos procedentes de esa región, los cuales eran traídos a la isla caribeña.

Investigaciones de las arqueólogas cubanas Karen Mahé Lugo y Sonia Menéndez,quienes desde su labor en el Gabinete de Arqueología de la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana, permitieron conocer detalles del contacto entre Mesoamérica y la otrora villa de San Cristóbal de La Habana.

Hay que recordar que la llegada de los colonizadores españoles a la península de Yucatán fue en 1517, con Francisco Hernández de Córdoba al frente de la expedición enviada desde Cuba por el Adelantado Diego Velázquez, quien organizó la conquista de México.

Un año después pasó por Yucatán Juan de Grijalva y posteriormente Hernán Cortés.

Como desde 1509 existía una Real Cédula que autorizaba la importación a Cuba de indios de las islas cercanas a La Española, se deduce que fue Hernández de Córdova el primero en enviar yucatecos a la mayor de las Antillas.

Pasados unos años, en 1526, Francisco de Montejo quedó al frente de la conquista de Yucatán y se le confirió el derecho a esclavizar a los indios que no estuvieran a favor del Rey y de la iglesia y también a aquellos que resultaban prisioneros de otras tribus.

Posteriormente, Montejo estableció vínculos con Juan de Lerma, un comerciante y rico naviero, que enviaba mano de obra a Cuba y La Española.

Pero los estudios sobre el tema señalan que no fue ésta la única vía de la llegada de los yucatecos a Cuba. Existió también un intercambio que establecía parámetros de cien indios a razón de un caballo.

Igualmente se estima que lo corsarios y piratas traficaron con indios yucatecos en el siglo XVII, y tuvieron en Campeche un punto de acoso sistemático para abastecerse además de miel, cera, sal y el entonces famoso palo de tinte.

Transcurridos los años y ya en el período de 1846 a 1860, ante la carencia de mano de obra que venía cada vez menos desde África, los hacendados cubanos volvieron a proveerse de individuos procedentes de Yucatán.

Fue el Benemérito Benito Juárez, en 1861, quien defendió a los indios y prohibió ese mercado humano.

BARRIO DE CAMPECHE EN LA HABANA

Aunque se conoce que los yucatecos llegaron a diversos puntos de la geografía cubana, fue en San Cristóbal de La Habana donde se estableció, en la parte amurallada al sur de la ciudad, un barrio que se denominó Campeche.

Estaba formado por chozas humildes y parcelas de labranza, donde vivían personas procedentes de Yucatán, a quienes se les denominaba como campechanos por el puerto desde el que partieron, aunque tal vez, todos no lo fueran.

Precisamente en parte de la zona que ocupó ese barrio, las arqueólogas cubanas Karen Mahé Lugo y Sonia Menéndez, del Gabinete de Arqueología de la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana, encontraron evidencias que unen a Cuba y Yucatán.

Se trata de una cerámica conocida como México pintado de rojo, considerada como la alfarería foránea de tradición pre-hispánica más importante. Sus restos se encontraron en varios inmuebles y en el convento de San Francisco de Asís. Entre ellos hay cántaros, cuencos, jarros y platos, con decoraciones.

Esas piezas se exhiben en el Gabinete de Arqueología de la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana y en el convento de San Francisco de Asís.

Las investigadoras destacan asimismo, la abundante presencia de material volcánico, que vincula los hallazgos con México.

Estiman que el establecimiento del barrio de Campeche, en fecha anterior a 1564, según consta en actas del Cabildo, trajo aparejada la necesidad de sus pobladores de vasijas para uso personal y doméstico, que bien pudieron traer en sus viajes por barco y otros, haberlos elaborado en territorio cubano.

Parte de ese menaje utilitario, exhumado en las excavaciones arqueológicas en la Habana Vieja, responde a contextos muy tempranos, algunos con motivos que evidencian su filiación mesoamericana. Otros, cuya ubicación contextual trasciende el siglo XVII, cuentan con variaciones decorativas que los acercan al modo de hacer de los europeos.

No obstante esa diversidad decorativa, en su factura se mantiene un mismo patrón tecnológico, lo que asevera una continuidad productiva sustentada por siglos de tradición.

Lo más importante de esos hallazgos y de otros como raspadores de maíz hechos de rocas volcánicas, así como de restos de dietas en los que se incluye el caracol, es que demuestran la presencia de indios yucatecos en la antigua Habana.

Se afirma que ellos trabajaron en el servicio doméstico en casas de personas adineradas, en labores agrícolas y constructivas, así como en el cuidado y protección de la ciudad.

Estas evidencias arqueológicas unen aún más a Cuba y Yucatán.

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Proyectos comunitarios favorecen crecimiento espiritual

Proyectos comunitarios favorecen crecimiento espiritual

 

 

Por María Elena Balán Sainz

  Cambios en la actitud y el comportamiento de las personas ante la creación y consumo de los valores culturales se han logrado en muchos barrios, algunos de ellos considerados marginales, donde se fomentan proyectos comunitarios.

  Mediante esta alternativa en las comunidades pueden afianzarse valores de ayuda mutua, solidaridad y preservación de la identidad local y nacional, tan necesarios en estos tiempos, cuando resulta imprescindible favorecer el crecimiento espiritual en lugar de la violencia.

 Resultan, sin dudas, una vía generadora de ámbitos sociales más sanos, donde quienes allí viven son protagonistas activos y representan un factor clave para el cambio social, individual y grupal.

  Ejemplos hay por doquier, como el proyecto promovido en la década de 1960 en el periférico barrio de Juanelo, en el capitalino municipio de San Miguel del Padrón, donde la artista Antonia Eiriz enseñó la técnica del papier maché con mucha aceptación de los vecinos, quienes encontraron una fuente de creación y medio de subsistencia.

  Por supuesto, que para lograr el desarrollo en las comunidades es necesaria la integración de, promotores culturales, representantes de las instituciones y  personas interesadas en alcanzar un cambio positivo en la localidad, tal fue el caso del artista de la plástica Alexis Leyva (Kcho) en la barriada de El Romerillo, en La Habana.

  Allí, en un abandonado taller de reparación de ómnibus montó su galería-estudio e ideó una sala de arte y una biblioteca pública para  uso y disfrute de la comunidad, de la cual se siente parte desde sus tiempos de estudiante del Instituto Superior de Arte, cuyas áreas colindan con esta comunidad, compleja en sus características sociales.

  El proyecto incluye también mejorar el alumbrado público, la reparación de las vías y el saneamiento del barrio, la creación de terrenos deportivos, gimnasio biosaludable, parque infantil y áreas de estar.

  Si damos una mirada a las provincias nos encontramos con el Patio de Pelegrín, en Puerta de Golpe, Pinar del Río, donde niños, jóvenes y adultos pintan, escuchan o interpretan la música, bailan, hacen tejido a mano, repostería popular, círculos de salud publica, deportes y recreación. En fin, es una peña del arte y la naturaleza. 

  Mientras, en la provincia más oriental de Cuba, la Cruzada Teatral Guántnamo-Baracoa sale cada 28 de enero y regresa el dos de marzo todos los años, tras recorrer cinco municipios montañosos, donde logran  un diálogo intergeneracional, una pedagogía itinerante, muy humana y ética. 

 

Conservar la identidad y restañar lo dañado

Conservar la identidad y restañar lo dañado

 

Por María Elena Balán Sainz

  Una ciudad y su pueblo son valiosos en tanto  conservan sus elementos de identidad, de ahí la importancia de trabajar en función de restituir esos valores, buscar lo desaparecido, restañar lo dañado, ya sea  tradiciones, normas de conducta, bienes patrimoniales,  plazas, edificaciones, lenguaje,  formas de elaborar comidas y bebidas.

  En estos tiempos, cuando hay quienes destruyen existen otros que reconstruyen, pero esa balanza debe inclinarse a favor del segundo grupo, porque vivir en sociedad conlleva, en primer lugar, asumir normas de convivencia.

  Ciertas formas de comportamiento se han abierto paso y son inaceptables. Van desde el daño a la propiedad social, a sitios emblemáticos, a bienes patrimoniales, hasta la deformación del idioma, el irrespeto a las buenas maneras, a la decencia en un amplio sentido.

  Algunos asumen con desdén las normas de urbanidad y lo mismo dañan los bancos de un parque o sustraen sus luminarias, que dejan de abonar el pasaje en el ómnibus, rayan el pedestal de una escultura restaurada y se convierten en transgresores del ornato público.

  Al idioma, rico en matices, le hieren con vocablos vulgares, asumen conductas encaminadas a la marginalidad y hacen de sus gustos estéticos pasto seguro para que nazca la seudocultura.

 La preferencia  por música de mala factura por sus letras, con mensajes agresivos y chabacanos, igual toma espacio. Lo peor es que a veces son amplificados por la radio y la televisión.

  Cada vez se ha ido perdiendo más el hábito de reunirse la familia para comer todos juntos, degustar platos tradicionales, transmitir buenas costumbres.

 Urge velar por la conservación de elementos fundamentales de nuestra identidad y que tome mayor rango la necesidad de preservar el patrimonio tangible y el intangible.

  Desde el hogar, la escuela, los medios de difusión masiva, la comunidad en general se precisa fortalecer valores, modos, estilos.

   En lo referente a la música, el baile, la arquitectura, las comidas y bebidas son también símbolos de identidad cultural y debemos preservarlos.

  Así, cuando en el país se habla de la cuna del son, enseguida pensamos en Santiago de Cuba, y si decimos tinajones, de inmediato viene a la mente Camagüey. En tanto, Trinidad o el Centro Histórico de La Habana ejemplifican conservación arquitectónica.

  El cucurucho y el chocolate evocan a Baracoa, la guayabita del Pinar a Vueltabajo, las torticas a Morón, el aliña’o, bebida para festejar el nacimiento de un niño se relaciona con la zona oriental, así como las butifarras  con el poblado del Congo, por solo citar algunos.

  En cuanto al idioma, a Camagüey  y  a Holguín  se les consideró como lugares donde se le  respetaba y hablaba bien. Pero igual se les relaciona, lo mismo que a Cienfuegos como ciudades cuidadosas de la higiene.

 Por su parte, los festejos regionales y nacionales  tienen en Las Parrandas de Remedios o Las Charangas de Bejucal altas expresiones de la más genuina identidad cultural.

 Si queremos trabajar en función de restituir valores, buscar lo desaparecido, restañar lo dañado, es preciso crear ambientes idóneos para transmitir lo realmente auténtico, lo que siempre nos identificó como cubanos.

 

Al compás del “almendrón”

Al compás del “almendrón”

Por María Elena Balán Sainz

  Son muchos los autos viejos, esos que jocosamente llamamos “almendrones” que transitan por las calles de esta Isla. Ayer, urgida de llegar a mi lugar de destino, me subí a uno de ellos con el rótulo amarillo de TAXI.

  Tras abonar 10 pesos me bajé de aquel “Frankestein” con más de 60 años, salvado gracias a múltiples enchapes, piezas adaptadas y todo tipo de innovaciones. El humo gris salido con profusión de su tubo de escape me hizo tapar la nariz ante tanta contaminación.

  Entonces vino a mi mente algo comentado  cuando se llevó a cabo la llamada revolución energética en Cuba, hace poco menos de 10 años. Muchos pensaron y en ese grupo me sumo yo, que si cambiaban viejos refrigerados por ser altos consumidores de energía eléctrica, igual podían de manera paulatina sustituir esa fuente contaminante e igualmente alta consumidora de combustible por autos más económicos.

   Tal vez para muchos representaba una utopía tal idea,  porque igual opinaban que entonces los de más dinero serían quienes podrían hacer el “cambio” del añejado carro por uno nuevo.

   Ahora, cuando se rumoraba en las calles la medida de venta en el mercado minorista de vehículos modernos, se suponía que permitiría de manera paulatina una sustitución de ese parque automotor obsoleto.

  De acuerdo con la lógica pensamos que los precios fluctuarían más o menos con los de la compra-venta entre particulares, tal como había permitido esa medida aprobada con anterioridad.

  Pero no fue así, al parecer no se tomó en cuenta ninguna política de mercado racional, lo cual conlleva a mi modo de ver que esa resolución esperada con tanto interés y beneplácito haya tenido un efecto boomerang y numerosas críticas.

  Todo eso era perfectamente evitable y hubiera incidido coherentemente en la marcha de los cambios económicos y sociales impulsados en los últimos meses.

  Por lo visto, habré de sacar nuevamente mi pañuelo para evitar el humo contaminante de los “almendrones”,  un parque automotor que posiblemente solo ruede por las vías de mi país. Ojalá que sea por poco tiempo, pues rectificar es de sabio.

 

En ofertas gastronómicas: ¿gato por liebre?

En ofertas gastronómicas: ¿gato por liebre?

Por María Elena Balán Sainz

  Actualmente alrededor de 444 mil cubanos ejercen formas de empleo no estatal en una o más de las 201 modalidades existentes. Pensando en la oferta de una céntrica dulcería en calle La Torre, entre 35 y San Antonio, Nuevo Vedado, anunciada con mucha pompa y platillo llegó mi vecino Guillermo a adquirir un cake de las llamadas tres leches el pasado jueves nueve de enero.

  !Qué chasco! No se sabe aún si la cabra rompió la soga y se les fue, si a la vaca le mamó la leche el ternero y si la de polvo no fueron a comprarla al mercado de recuperación de divisas, lo cierto es que la panetela no excedía los cuatro centímetros de alto y al cortarla cuando llegó a casa, aquello de producto lácteo solo tenía el nombre.

  Le cobraron cinco cuc, que llevado a moneda nacional son 125 pesos.  Al comentar mi vecino sobre el asunto, muchos en el barrio opinaron que NO todos  los que tienen negocios por cuenta propia hacen malas ofertas, eso sería injusto, pero en este lugar del cual les comento hay mucha publicidad y el producto ¿qué? Defraudó, al menos en el cake de tres leches.

   Desde 2010, año en que el trabajo por cuenta propia recibió un fuerte impulso en Cuba, casi se ha triplicado el número de personas dedicadas a esta actividad que cada vez va ganando mayor espacio en la economía de esta isla caribeña.

  Alrededor de una mesa de dominó en la casa de Guillermo surgió la conversación sobre el tema. Juan habló de su experiencia positiva en una cafetería, donde tomó un café “cortadito” en una pequeña cafetería llamada Casa Verde, en “J” casi esquina a 21, El Vedado, de muy buen gusto ofrecido por un empleado atento y cortés.

  A María le asombraron los precios de un pequeño restaurante en la céntrica calle “ J” casi llegando a 23, porque para comer un espagueti hay que llevar más de un día de salario y no es nada tan especial, añadió, mientras que el café en ese sitio lo expenden ya frio,  sacado de un termo donde debió dormir el sueño eterno.

  Un negocio en el campo de la actividad gastronómica debe  ser interpretado como un proyecto competitivo, el cual permita maximizar la rentabilidad para su dueño, pero haciendo el mayor énfasis en la plena satisfacción del cliente.

  No se trata solo de la publicidad atractiva para captar consumidores, como sucede en algunos casos, igual resultan importantes el trato afable, cortés y la oferta de calidad, porque de ahí dependerá el prestigio ganado.

  Alguien se refirió en el diálogo entablado alrededor de la mesa de dominó a una cuestión interesante. Recordó cómo en una telenovela brasileña, recientemente transmitida por Cubavisión, el local fue visitado por un evaluador del menú ofrecido allí para luego dar sus opiniones en una publicación impresa.

  Tanto el dueño como el colectivo estaban temerosos de aquella cata. Podría enaltecerlos o sepultarlos, en el mejor sentido de la palabra. Sí, porque una mala opinión expresada en los medios de difusión masiva era una carta segura para ir casi a la ruina en el negocio.

  En esta Isla no existen mecanismos para valorar ofertas. Y no digo cuerpo de inspectores porque en realidad su control se dirige solo a ciertos aspectos e igualmente en ocasiones conlleva  a generar  compra-venta de favores. Me refiero a encuestas entre clientes para determinar si realmente aquello que ofrecen como liebre no es gato.

  Cuando acuda a uno de estos sitios, bien sea del sector por cuenta propia o igual del estatal, valore si realmente le ofrecen productos que tengan una relación directa con calidad, originalidad y precio. No olvide tampoco fijarse en las buenas maneras del dependiente y la higiene del lugar, creo que vale la pena. (Por María Elena Balán Sainz)

 

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Una chica plástica, de esas que van por ahí…

Una chica plástica, de esas que van por ahí…

 

Por María Elena Balan Sainz

 

   Al preocupamos por la crisis de los valores morales de los jóvenes, generalmente estamos impactados por un cambio de conductas que chocan de algún modo con nuestras referencias establecidas.

 La juventud se define frecuentemente por un rol social, caracterizado por su manera de interactuar en su grupo o comunidad, por la imagen proyectada mediante el tipo de ropa, maquillaje y lenguaje, entre otros aspectos.

  Existe cierta frustración para quien se percibe incapaz o impedido de cumplir con las exigencias de la  moda. Algunos le confieren  más valor a lo material, que a lo espiritual. Sobrevaloran la forma de vestirse, estar en la “onda”, aunque su aspecto sea irreverente, su cabello con colores y cortes extraños, la forma de expresarse chabacana y vulgar.

  No escasean en estos tiempos los llamados chicos o chicas “plásticas”, remota referencia a una popular canción del panameño Rubén Blades, en la cual definía las aspiraciones de esos jóvenes cuyos objetivos son lucir bien, relacionarse con quienes consideran sus iguales, porque tienen una posición económica ventajosa, aunque resulten superficiales en su conducta.

  Muchos viven en urbanizaciones que antes de 1959 fueron de la burguesía en la Isla, usan ropas de “marca”, conducen autos modernos de los padres o de ellos mismos, asisten a lugares de recreación donde el pago es en “moneda dura” (léase divisa convertible) y tienen gustos por encima de las posibilidades de un cubano de a pie.

  No se trata de citar estereotipos y frases hechas, sino llamar la atención sobre un asunto preocupante, el cual tiene alcance  global, ya que la crisis de valores no solo afecta a nuestro país, donde además se aprecia a todas luces diversos rangos sociales.

    En la sociedad no puede haber solamente  transformaciones económicas, políticas, también resultan necesarias las de orden espiritual, tal como postulaba José Martí .

   El impacto de los años de 1990 -cuando comenzó en Cuba el Período Especial- sobre un segmento de la juventud cubana trajo consigo  la consiguiente  disminución y poco desarrollo de la conciencia de igualdad, problemas en cuanto a la socialización, deterioro en los valores, así como falta de motivación para la continuación de estudios.

  Muchas familias fueron más pasivas ante actitudes transgresoras de hijos e hijas, quienes en ocasiones optaron por la deserción escolar, la búsqueda de ganancias fáciles en lo que se presentara.

  El alejamiento de las relaciones de labor productiva lleva a no valorar el trabajo de las personas, el costo de la vida y de los bienes de consumo e implanta la regla de la “ganancia fácil”.

 Los propios padres son, muchas veces, los que favorecen esta tendencia, al querer ofrecer a sus hijos aquello que, en términos de consumismo, ellos mismos no tenían en su juventud.

  Por estos días no son pocos los  jóvenes para quienes la noche se ha convertido en su símbolo por excelencia: es el tiempo ‘sin tiempo’, sin reloj y sin horario, es el espacio de la libertad sin disciplina y sin exigencias externas.

  Así se les puede ver en plazas o sitios urbanos donde muestran sus extravagancias, se suman a grupos con iguales características en cuanto a proyección social y hacen caso omiso de normas de urbanidad establecidas desde antaño.

  Otros aprovechan  las altas horas nocturnas para crear bulla en sitios públicos, tomar el ómnibus y ofender al chofer y a los viajeros,  así como para manifestarse con violencia en la calle.

  Ante tales actitudes bien vale recordar que la ética empieza cuando el hombre es capaz de aceptar que “no todo le da igual”.

  La vida humana es elección permanente, hagamos que  la formación de valores sea parte del quehacer propio, de la familia y la sociedad en su conjunto. Por supuesto, para lograrlo habrá que cambiar muchas cosas. (Por María Elena Balán Sainz) 

 

Alerta ante privilegios o compadreos

Alerta ante privilegios o compadreos

Por María Elena Balán Sainz 

Aunque la mayoría de los cubanos vivimos al día, como resultado de nuestro trabajo, existen casos de quienes acumulan bienes personales en demasía  apropiándose de los bienes del Estado 

  Son burócratas corrompidos, con cargos obtenidos a golpe de simulación y oportunismo que utilizan sus posiciones con el fin de acumular fortunas. Para ellos  aquella frase esgrimida por la familia de “pobres, pero honrados”, pasó al olvido. 

  Para ilustrar tales posturas tomaremos el caso de una céntrica tienda en La Habana (Shopping Carlos III) donde se inflaban los precios, se desviaban auto partes y electrodomésticos al mercado ilegal, se falsificaban los documentos contables y demás delitos.

  Esas ganancias fraudulentas conducen a tales individuos a desdoblarse en dos vidas paralelas, una de aparente exigencia y cumplimiento de sus deberes y la otra, la que está detrás de la fachada, de un glamur semejante al de turistas adinerados.

  Algunos al ser cogidos in fraganti, tras auditorías practicadas en su centro de labor, argumentan que al no tener un control sistemático sobre ellos se dejaron llevar por sobornos y comprometimiento de  sus superiores.

  Tales justificaciones suenan huecas. ¿Acaso si no hay verificaciones fiscales y auditorias sistemáticas puede sentirse un directivo tentado a la acumulación de capital con el dinero robado o explotando con los bienes adquiridos por privilegios o compadreos?

  En estos tiempos hay personas que piensan que apropiarse de lo de su empresa, de su taller, del lugar donde construyen un edificio o del sitio donde laboran no es malo, porque son bienes del Estado y total, los suministros vuelven a suplir eso que “se perdió”.

  Lo peor es que muchos lucran con todo aquello que se llevan del trabajo y cuando alguien les dice que es una ilegalidad, se ofenden. Quieren ganar más dinero que quienes en realidad dan su aporte a la sociedad y estudiaron y se superaron para desempeñar su profesión.

  La honradez como estado natural de la conciencia viene de la cuna, de los buenos hechos que transmite la familia o de la palabra del maestro cuando nos habla de los principios éticos.

   Por eso no puede entenderse que algunas personas, aduciendo necesidades personales o afán de lucro, se lleven a sus viviendas lo que es propiedad del Estado y también la de los ciudadanos que viven en su comunidad.

   Son conductas reprobables y existe un código penal que las sanciona. No se puede admitir que quede impune quien atente contra los bienes sociales o de las personas.

   Honrado no es sólo el que devuelve lo que no es de él. Es aquel que vive con el resultado de su propio esfuerzo, sin apropiarse o valerse de logros ajenos. (Por María Elena Balán Saínz)    

 

 

 

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Fin de año, jabitas plásticas y algo más

Por María Elena Balán Sainz

 

  Sea por hábito familiar, por tradición de siglos que nunca llegó a languidecer o por ese espíritu fiestero que caracteriza al cubano y lo hace sobreponerse a dificultades, lo cierto es que en cada hogar se despide el año con un menú diferente al cotidiano.

  Cada cual, en correspondencia con sus posibilidades, prepara la cena del 31 de diciembre con productos adquiridos en los últimos días y así departir con familiares y amigos.

  Pero ya no solo preocupa lo que vaya a comprarse, sino en qué vamos a portar dichas compras. Esto incluye  las tiendas de recaudación de divisas, donde las bolsas plásticas destinadas a las mercancías expendidas brillan por su ausencia.

  Mi vecino Juan, antes de salir a sus compras acopió en una mochila unas cuantas “jabitas plásticas” recicladas en la casa, porque según él así se ahorraba unos cuantos pesos, al no tener que adquirirlas en áreas exteriores de esos mismos sitios de venta de productos, donde por “obra y gracia” de no sé quién hay personas que las venden.

   Lo de por “obra y gracia” lo decimos jocosamente, porque sí debe haber proveedores que ofrecen los pequeños lotes a esos vendedores, por lo general personas mayores,  quienes se ganan algo, luego de liquidar las cuentas con el que inicialmente se llevó las jabas del lugar donde debían estar.

  Volviendo a mi vecino Juan y su recorrido por los mercados agropecuarios, jaba en mano, me contó que encontró ofertas diversas. Eso sí, chequeó bien el peso de la carne de cerdo comprada, porque regularmente la báscula se inclina a favor del expendedor y no de quien paga por el producto.

  De las hortalizas igualmente las tarimas estuvieron adornadas con su toque verde, mientras a su lado aparecían los tomates propios para la ensalada de fin de año.

  La yuca, como me explicó mi vecino, estaba más asequible en cuanto a presencia, precio y calidad en días anteriores, porque ya en esta fecha “pico” no hay mucho para escoger las de cáscara hidratada y aquella que ante la vista del cliente le provoca la certeza de que se ablandará y podrá ser degustada con el mojito de ajo, naranja agria y aceite o mantequita de puerco.

  En fin, que con sus jabitas repletas, mis vecinos se pusieron en función de preparar la cena y ya a esta hora invade su casa y también las aledañas ese aroma que despide la carne de cerdo asada.

  Acerca del congrí o frijoles negros, y los demás no hay que preocuparse, igualmente estarán listos para acercarnos a la mesa y esperar con familiares y amigos la llegada de 2014, que hace exclamar a algunos que este siglo se está yendo a la carrera.

  Que la convivencia diáfana predomine en estas fiestas y no desaparezca tras los días de jolgorio, cuando habrá que empezar nuevamente las faenas, enfrentarse al ómnibus repleto, a la falta de la jabita de nylon en el mercado, a las indisciplinas de algunos y las impuntualidades o arbitrariedades de otros.

  No solo el 31 de diciembre es una jornada para expresar solidaridad, respeto, afecto hacia los demás. Se precisa hacerlo extensivo al decursar de los 365 días del año. (Por María Elena Balán Sainz, AIN)   

 

 

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