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María Elena Balán/ Arca de cubania

Vuelva usted mañana

Vuelva usted mañana

Por María Elena Balán Sainz

  ¿Cuántas horas, minutos y segundos de nuestras vidas perdemos en gestiones –no por ello menos necesarias- cuando decidimos poner en regla algún documento personal, de la vivienda, del traspaso de una propiedad, de un cambio de matrícula del vehículo a nuestro cuidado?

  Para iniciar alguna de estas gestiones, primero debemos acondicionar nuestra conciencia a la infinidad de obstáculos a los cuales nos enfrentaremos. No solo las largas colas y la espera –que desespera- sino también la indolencia y desidia sentadas detrás de un buró.

  A tono con la necesidad de inscribir el inmueble en el Registro Nacional de Propiedad, muchos cubanos hacen acopio de paciencia para enfrentar los engorrosos trámites que conlleva este proceso, al cual han llamado las autoridades correspondientes.

  Primero deberán averiguar qué día atienden a los del Consejo Popular donde residen para ir entonces a  la Dirección municipal de la Vivienda, de donde les remiten a Planificación Física, con el fin de certificar que no hay violaciones urbanísticas, para luego recibir la visita del arquitecto de la comunidad y visto y vuelto a ver todo esto, podrán concurrir a la notaría correspondiente a recibir la escritura de titularidad.

  Por supuesto esto será si los nombres y apellidos están como reza en la inscripción de nacimiento, porque si no es así habrá que hacer subsanación de errores.

  Dicho así parece fácil de resolver esta ecuación ¿física, matemática? Creo que hasta el propio Albert Einstein pasaría trabajo para resolverla si estuviera vivo.

  El caso es que en cada uno de esos lugares eufemísticamente hay un tiempo para dar respuesta a la solicitud. A algunos les han dicho que si dentro de 20 días no acuden los de Planificación Física a ver su vivienda que se personen en las oficinas para reactivar la solicitud.

  Pero al ir a preguntar surgen otras interrogantes sobre si su caso tiene que ver con tal o cual ¿número? Y el individuo entonces pregunta si le hablan de resolución, porque eso de citar una cifra no lo entiende. Tal vez sea porque nos hemos acostumbrado con los años a referirnos a muchas instituciones solo por las siglas.

  Con la promesa de una visita en tiempo y forma se retira del lugar, luego de aclarar cuál número de resolución tiene que ver con su caso. Y la espera es larga, a pesar de dejar teléfono para su localización.

  Ahí ya va perdiendo dos o más meses en el avance de los trámites, aunque le dijeron al principio que podría llevar 20 días solamente.

  Se han dado casos de personas urgidas de tales documentos que acuden al soborno y algunos caen en ese agujero oscuro que es la corrupción, a pesar de la sistemática lucha por evitar tales hechos, los cuales ponen de relieve falta de ética, de valores morales, de honestidad.

  Otros esperan haciendo acopio de paciencia, aunque desesperen, porque no conciben tener que involucrarse en indisciplinas sociales para lograr su derecho como ciudadano de esta Isla.

  La maraña burocrática y la infinidad de leyes y reglamentos propician ilegalidades y corrupción.

  Es común escuchar historias de personas agobiadas por esos trámites y que  nunca pueden romper la muralla burocrática, porque les ofrecen respuestas justificativas que quedan en el plano de la subjetividad si se atreven a cuestionarlas.

  Hubo un caso publicado en 2009 en Juventud Rebelde sobre una vecina de la barriada de San Miguel del Padrón, en La Habana, quien inició gestiones para legalizar la propiedad de una casa y tras un largo vía crucis, su trámite quedó en nada: "el expediente sigue archivado, sin firmar, y yo sin legalizar la vivienda", expresó en ese entonces a la prensa.

 El  "silencio administrativo"  sigue afectando aunque han transcurrido varios años y se han implementado legislaciones favorecedoras para la población, aunque en la práctica sigue siendo para muchos una odisea los trámites de referencia.

  Leyendo la obra  Vuelva usted mañana, del hispano  Mariano José De Larra, escrita en 1833,  sobre los avatares de un individuo en trámites fáciles de resolver, coincidimos en que la pereza y la desidia son pecados graves si deseamos lograr una buena convivencia.  

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