Afición del Che por el juego ciencia

María Elena Balán S.
La figura de Ernesto Che Guevara es siempre recordada por su versatilidad, principalmente como guerrillero y dirigente político, pero también como aficionado a los deportes, lo que demostró a lo largo de su vida.
Impregnaba del magnetismo que brotaba de su figura, el ambiente del Salón de Embajadores del hotel Habana Libre, cuando asistía a los primeros torneos de ajedrez Capablanca in Memoriam, celebrados en ese lugar.
Entonces radicaba allí la sede oficial de los grandes certámenes internacionales ajedrecísticos en Cuba.
Muchos recuerdan la afición del Che por el juego ciencia, al extremo de que aun en los períodos más intensos de la lucha armada contra la dictadura de Fulgencio Batista, el legendario guerrillero siempre llevó consigo un pequeño juego de ajedrez.
Decía que esa afición surgió siendo niño, pero se acrecentó con la visita a Argentina de José Raúl Capablanca, al frente del equipo cubano que participó en la Olimpíada Mundial de Ajedrez, efectuada en 1939 en Buenos Aires.
Quien luego sería conocido en el mundo por sus hazañas como Guerrillero de América, tenía entonces 11 años y nunca olvidó la impresión que le causó conocer a Capablanca.
Ahora, en ocasión del aniversario 80 de su natalicio, se le recuerda de diversas maneras, entre ellas con una simultánea de ajedrez convocada por la Central de Trabajadores de Cuba hace ya unos meses, y más recientemente con disímiles eventos ajedrecísticos en la Isla.

